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Rolando Merino Reyes

Rolando Merino, nació en Quillón, provincia de Concepción, el 3 de abril de 1898.

Por: Diario Concepción 12 de Diciembre 2021
Fotografía: Diario Concepción

Alejandro Mihovilovich Gratz
Profesor de Historia y Geografía
Investigador del Archivo Histórico

Rolando Merino, nació en Quillón, provincia de Concepción, el 3 de abril de 1898. Fueron sus padres don Juan de Dios Merino y doña Delfina Reyes. Realizó sus estudios en el Liceo de Hombres de Concepción. Una vez egresado, se incorporó al Curso Fiscal de Leyes que funcionaba en el mismo liceo desde 1865. Juró como abogado el 24 de diciembre de 1923, versando su tesis de título sobre “Comentarios al título IX del libro 1° del código civil”, sobre los derechos y obligaciones entre padres e hijos legítimos. Estuvo casado con la señora Emperatriz Sánchez, con la cual tuvo tres hijos, Rolando, Ivonne y Emperatriz.

Luego de titularse, ejerció su profesión en Concepción, representando a varias instituciones de la zona, y en el ejercicio libre de la profesión. Fue un miembro activo de la masonería penquista, afiliado a la Respetable Logia Fraternidad N°2 del Valle de Concepción. Militó al comienzo de su carrera política, en el Partido Político Nueva Acción Popular (NAP), para luego inscribirse en el Partido Socialista de Chile. Ocupó los cargos de Intendente de Concepción en los períodos de 1931 – 1932 y 1951 – 1952.

Acompañó a su condiscípulo del Liceo de Hombres de Concepción y Presidente de la República, don Carlos Dávila, como Ministro del Interior, entre el 4 y 13 de junio de 1932, e integró, además, la segunda junta del gobierno socialista entre el 13 y 16 junio de 1932. Durante el gobierno del radical don Pedro Aguirre Cerda, ocupó la cartera de tierras y colonizaciones entre el 28 de septiembre de 1939 y el 2 de abril de 1942, siendo además Ministro Suplente de Salubridad, Previsión y Asistencia social, desde el 10 de octubre al 14 de diciembre de 1941; fue, además, Ministro Interino de Fomento desde el 16 de diciembre de 1941 al 2 de abril de 1942. Luego del terremoto de 1939, le cupo una gran participación desde su cargo ministerial, en la reconstrucción de las provincias de Chillán y Concepción. Elegido Diputado para el periodo de 1932–1937 por la décimo séptima agrupación departamental Talcahuano, Yumbel y Coronel, y reelecto para el período 1937-1941. Renunció al parlamento para ejercer como Ministro de Estado.

En cuanto al área docente, fue profesor del Curso Fiscal de Leyes del Liceo de Hombres de Concepción y profesor y decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Concepción entre 1943-1957. Don Rolando Merino manifestaba “La universidad está siempre abierta a los cuatro puntos cardinales de la cultura y el espíritu y solo cerrada para aquellos que se manifiesten reacios al cumplimiento de sus deberes o propugna un obcecado dogmatismo”. Luego de la renuncia al cargo de Rector de don Enrique Molina en el año 1956, la asamblea nombró a don Enrique como rector Vitalicio y llamó a elecciones, donde los candidatos Avelino León y Rolando Merino empataron en votos en tres ocasiones para la elección de rector, con el fin de solucionar el problema, la asamblea de socios eligió una comisión para designar un candidato y se propuso a don David Stitchkin, quien fue aceptado por aclamación de los socios de la asamblea para el período 1956–1962. Hoy un busto recuerda al profesor, político y decano, en la entrada de la Facultad de Derecho de la Universidad de Concepción, confeccionado por el destacado escultor don Samuel Román, quien además confeccionó la escultura homenaje a los fundadores que se encuentra en el ágora frente al campanil de la casa de estudio. Durante el último tiempo de su vida, don Rolando disfrutaba de las labores agrícolas en su fundo “El Peral” en el sector de Florida, del cual manifestaba a su amigo Augusto Vivaldi “Aquí no he comprado suelo, sino cielo”, en relación a la calidad del clima del sector Floridano. Rolando Merino Reyes, falleció en el año 1957 a los 59 años de edad, de un repentino y fulminante ataque cardíaco, dejando consternados a todos los que lo conocieron y disfrutaron con su presencia.

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