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Opinión

Mentalidad de crecimiento

Si logramos transmitir a los niños, niñas y jóvenes, la importancia de tener una mentalidad flexible que les permita aprovechar todas las experiencias y convertirlas en oportunidades de aprendizaje, podremos darle un sentido al complejo contexto que estamos viviendo y transformarlo en un momento que permita desplegar y fortalecer habilidades socioemocionales que son fundamentales para un desarrollo integral.

Por: Diario Concepción 28 de Junio 2021
Fotografía: Cedida

Claudia Soto
Psicóloga y coordinadora del programa Aprende en Familia de Fundación CAP

Durante el año 2020 y el actual, el desarrollo y puesta en marcha de una “mentalidad flexible o de crecimiento” ha sido fundamental para que tanto niños y niñas, como adultos hayamos aprendido a hacer muchas cosas de manera distinta. La no presencialidad en los centros educativos, el teletrabajo, el confinamiento han obligado a adecuar la manera en que se funcionaba hasta antes de la pandemia.

En esta línea, la psicóloga de la Universidad de Stanford, Carol Dweck, describe cómo las personas tienen diferentes disposiciones hacia el aprendizaje. Hay quienes creen que la inteligencia no se puede modificar ya que se nace así y es dependiente sólo de la genética, a esto le llama “mentalidad fija”. Esas personas piensan y actúan como si las capacidades vinieran dadas y no hubiese forma de desarrollar habilidades que no se tienen. Por otro lado, estarían quienes creen que el cerebro es modificable y que cambia con la experiencia, por lo que la inteligencia no sería fija y se podrían continuar desarrollando diferentes capacidades con el esfuerzo y la práctica. A esto le llama “mentalidad flexible o de crecimiento”.

¿Qué relación tiene esto con el contexto de pandemia que estamos viviendo?

Hace pocos días se entregaron los resultados del Diagnóstico Integral de Aprendizajes (DIA), desarrollado por la Agencia de Calidad de la Educación, para medir los aprendizajes alcanzados por los estudiantes de cada establecimiento durante 2020. Se encuestó entre marzo y abril de este año a 7 mil colegios y 1.8 millones de estudiantes en todo Chile y los resultados son, según las autoridades, alarmantes: a nivel académico, los estudiantes entre sexto básico y cuarto medio no alcanzaron los conocimientos mínimos necesarios, según el currículum ya priorizado-, en Lectura y en Matemática. A nivel nacional, en Lectura ninguno de los cursos alcanzó un 60% de los aprendizajes, porcentaje que en una equivalencia en notas es un 4.0. En Matemática la situación es más dramática, pues ninguno de los niveles superó el 47% y en II medio los estudiantes aprendieron solo un 27% de lo que debían aprender el año pasado.

Frente a esta realidad, podemos quedarnos alarmados y continuar lamentándonos por los que no han aprendido los niños, niñas y jóvenes, o mirar lo que estamos viviendo, desde el lado de la mentalidad de crecimiento.

En este sentido, es importante señalar, “que independiente de las situaciones que enfrentemos, todas las experiencias son importantes y pueden dejarnos potentes enseñanzas que nos permitan ir desarrollando una nueva disposición hacia el aprendizaje, no sólo académico, sino en todos los ámbitos de la vida, resaltando la perseverancia, el esfuerzo y los errores como parte del proceso que nos lleva a desarrollar nuevas capacidades”.

Si logramos transmitir a los niños, niñas y jóvenes, la importancia de tener una mentalidad flexible que les permita aprovechar todas las experiencias y convertirlas en oportunidades de aprendizaje, podremos darle un sentido al complejo contexto que estamos viviendo y transformarlo en un momento que permita desplegar y fortalecer habilidades socioemocionales que son fundamentales para un desarrollo integral; la empatía (ponerse en el lugar de los demás), resiliencia (enfrentar las dificultades y sobreponerse a ellas), la comunicación y colaboración, la conciencia de sí mismo, etc. Tal vez estas capacidades no serán medidas en una prueba estandarizada que arroje porcentajes de rendimiento, pero serán los cimientos para que los niños, niñas y jóvenes se conviertan en adultos y adultas capaces de autocuidarse y cuidar a las demás personas promoviendo relaciones afectivas significativas y desarrollando al máximo todo su potencial cerebral.

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