Opinión

Calendario Electoral

Me atrevo a sugerir a riesgo de ser sindicado por los inquisidores que se han acostumbrado a imponer sus criterios en un debate cada vez mas altisonante, a revisar la pertinencia de una agenda electoral que a ratos parece responder más a los intereses menores.

Por: Diario Concepción 11 de Septiembre 2020
Fotografía: Fundación República en Marcha

Augusto Parra Ahumada
Presidente Fundación República en Marcha

Creo es necesario relevar el valor y el aporte del debate constitucional, como parte de la construcción de un futuro común y más cohesivo, abordando algunas correcciones políticas e institucionales que vayan en la dirección de generar mayores condiciones de gobernabilidad y una gobernanza más eficaz y moderna que favorezca la descentralización, una visión de Estado que fije la mirada en horizontes de largo plazo y que vaya en la línea de promover consensos amplios para una mayor inclusión, resguardando el valor de la libertad y los derechos fundamentales, de todo tipo de arbitrariedad, para acompañar una segunda transición esta vez, hacia un desarrollo integral inclusivo y sostenible. Más allá de las legítimas opciones del apruebo y el rechazo, inclinándome en lo personal por esta última en virtud que creo preferible algunas reformas sustantivas a una hoja en blanco, a las tentaciones refundacionales y creo en la gradualidad de las reformas, para ofrecer reglas claras para la necesaria inversión y producción que nos permitan recuperar el crecimiento, el empleo y volver a poner a Chile de pie.

Los más nobles ideales de paz, de un futuro cohesivo y de un conjunto reconocido de reglas que regulen una convivencia republicana bajo un país amalgamado como proyecto colectivo, que no tengo dudas inspiraron el “Acuerdo por la Paz y una Nueva Constitución”, para ofrecer una salida pacífica, democrática e institucional a una crisis de convivencia marcada por la violencia. Pueden terminar por diluirse, si no se prioriza una participación legitimadora, bajo los principios que deben guiar los procesos electorales con base en la libertad de participar y el carácter democrático e informado del proceso. Principios que, en una coyuntura de extrema fragilidad sanitaria, con gran parte del país bajo medidas de confinamiento y en medio de una crisis económica y social que para muchos cambia el orden de las prioridades y urgencias cotidianas, pudieren no verse reflejados y atentar contra los objetivos fundamentales del proceso.

Por cuanto me atrevo a sugerir a riesgo de ser sindicado por los inquisidores que se han acostumbrado a imponer sus criterios en un debate cada vez mas altisonante, a revisar la pertinencia de una agenda electoral que a ratos parece responder más a los intereses menores de obtener ventajas, que, al buen uso de las propias herramientas para la obtención de los objetivos superiores trazados, y a abordar el proceso con observancia del bien superior del país y resguardando sus propios fines.

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