Opinión

Haciendo bosques entre todos

Por: En el Tintero | 15 de Agosto 2019

Es muy posible que haya pasado el tiempo aquel en el cual cualquiera, por motivos varios, echaba un árbol abajo. Lenta, pero inexorablemente, cada día habrá más gente dispuesta a poner el grito en el cielo si algunos, o inmobiliarias o empleados municipales, se toman con estos verdes seres vivos demasiadas libertades. Es que está claro, o debería estar, que no son adornos desechables, sino parte de un circuito en el cual estamos nosotros, haciendo lo posible por respirar.

En efecto, los árboles limpian la atmósfera, entre una serie larga de beneficios para nosotros y una enorme variedad de seres vivos. Cada uno de ellos se comporta como un quiosco lleno de ofertas, con un costo ínfimo.

Haciéndolo mal, para variar, los humanos quemamos combustibles fósiles y emitimos grandes cantidades de gases de efecto invernadero a la atmósfera, como el dióxido de carbono. Para hacerlo aún peor, nos dedicamos, con entusiasmo digno de mejor causa, a la tala y la quema de bosques naturales, lo cual libera cada vez más carbono.

Los árboles resultan ser indispensables, aunque no suficientes, para controlar el efecto invernadero, atrapando anhídrido carbónico. Los científicos británicos que han identificado el factor vital que muestra lo que hace que un bosque sea un buen sumidero de carbono; la juventud, así, son sobre todo los bosques jóvenes los que lo usan mejor y lo absorben de manera más eficiente.

En dirección contraria a lo que está sucediendo en el Mato Grosso, cada vez más agrupaciones y organismos chilenos se han dedicado a plantar árboles nativos. Los que se enteran de esto con indiferencia todavía ignoran que de esa manera le están poniendo al país otros pulmones.

 

PROCOPIO

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