Opinión

Esperando que Melita me conteste el WhatsApp

Decir algo más del talento y trabajo de las hermanas Abraham ya casi está de más. Por eso, solo quería contar una pequeña anécdota que las retrata como personas: sencillas, amables y lejos de creerse figuras ni marearse con tanto oro.

Por: Paulo Inostroza | 12 de Agosto 2019
Fotografía: Federación Chilena de Remo

El 24 de mayo le mandé un mensaje vía WhatsApp a Melita Abraham. Faltaban dos o tres días para cerrar nuestro especial de aniversario del Diario, dedicado solo a mujeres destacadas. Ella era nombre importante, pero veíamos difícil que nos contestara. Se encontraba en España, concentrada con el equipo nacional de remo, después una competencia en Alemania.

Al día siguiente, recién despertando, me dice “perdón por no responder antes. Estoy en España, es por el cambio de hora” y pone una risa. Luego pide las preguntas, que eran tres, no quise molestarla mucho. Respondió unos párrafos larguísimos y consistentes, quedaron impecables. Le agradecí y me respondió “de nada. Estoy full entrenando, pero siempre hay tiempo” y agregó el ícono del brazo haciendo fuerza. Para ella, un detalle.

Para mí, una foto de quién es Melita y su familia, porque también me ha tocado hablar con su hermana y su madre, alguna vez bien cortito con Ignacio. Son gente sencilla, amable, que nunca se ha mareado con el éxito. Y hablamos de las deportistas más exitosas que ha dado esta Región… Sin aún tocar techo.

Hace poco hablaba con un colega y les alababa lo mismo. Me dijo que su técnico le contó un día que a las 7 de la mañana se iban al agua, salían para ir a la universidad, llegaban a almorzar, otra vez al agua, de vuelta a la “U” y en la tarde, máquinas. Tipo 9 de la noche, recién estaban libres. Y con todo, nunca nos han respondido “no, estoy ocupada”. Incluso, sabiendo que lo entenderíamos.

Por eso, verlas llegar primero llena de orgullo. Porque son puro esfuerzo y han sacrificado mucho por ese oro que se ve tan chiquito en el cuello. Porque no viven en una nube, sino entre nosotros, y les enseñan a todos que también pueden llegar alto. Pero para eso, hay que trabajar duro y nunca marearse.

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