Opinión

De innovación y destrucción

Por: Diario Concepción | 10 de Julio 2019
Fotografía: Carolina Echagüe M.

Andrés Cruz Carrasco
Abogado, magíster Filosofía Moral

La innovación es la oportunidad para que se manifiesten todas las facetas del ser humano. Confiere esperanzas y hace posible mejorar la longevidad y la calidad de vida. Pero, parafraseando a Schumpeter, de seguirse, disfrazada de innovación, una lógica de “destrucción creadora”, se puede producir un fenómeno que nos lleve a “destronar a reyes y papas”. Me refiero al riesgo de perder por el desenfrenado flujo de la tecnología ciertos aspectos positivos de nuestras formas de convivencia tradicional que podrían tener repercusiones en nuestra manera de vincularnos con un otro o bien de organizarnos políticamente.

En China, el “crédito social” implica que un individuo puede sufrir por la pérdida de puntos como consecuencia de la apreciación que otros hagan en las redes sociales sobre un sujeto, que ponen en entredicho su comportamiento social. Algo así como Uber, pero con repercusiones en prestaciones sociales. Una suma de “like” de los usuarios de una aplicación informática puede determinar que se sea aceptado o no un ser humano en el medio social, circunstancia validada por la institucionalidad. ¿Mucho “Black Mirrors”?, puede ser. Parece hoy estar concebida la innovación sólo relacionada con el crecimiento económico. Su desarrollo sólo radicaría en vender más, generar más empleo, mover el “negocio”, haciendo del progreso el resultado de la visión de una sola moneda, que en una cara tiene el crecimiento y en la otra el consumo.

Así, no podría haber crecimiento sin innovación y tampoco crecimiento sin que los consumidores alimenten a la economía con más y más compras. La obsolescencia programada de los bienes no sería una cuestión sólo de mejorar la rentabilidad, bajando la calidad del producto o del servicio, deviene una condición de subsistencia del sistema. Espiar al cliente resulta ser fundamental, siendo las redes sociales en las que el usuario se desnuda ante el mundo, sin siquiera leer las condiciones de uso y comercialización de sus datos personales, un aspecto trascendental para la publicidad, pero también una cuestión de control político. Byung-Chul Han señala: “El hombre digital maneja los dedos en el sentido de que constantemente está numerando y calculando. Lo digital absolutiza el número y la numeración. También lo que más se hace con los amigos de Facebook es numerarlos. Pero la amistad es una narración. La época digital totaliza lo aditivo, el numerar y lo numerable. Incluso los afectos se cuentan en forma de likes. Lo narrativo pierde enormemente relevancia. Hoy todo se hace numerable para poder traducirlo al lenguaje del rendimiento y la eficiencia.”

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