Opinión

De participación y democracia

Por: Diario Concepción | 26 de Junio 2019
Fotografía: Carolina Echagüe M.

ANDRÉS CRUZ CARRASCO
Abogado, magíster Filosofía Moral

La democracia debería ser una oportunidad en la que participar fuera mucho más que votar cada cierto tiempo. Dentro de la institucionalidad deben existir válvulas de salida que permitan a los grupos de presión expresarse, de modo de ser tenidas en consideración sus demandas para el caso que éstas fueran válidas. Sin embargo, nuestro sistema no está diseñado para que las personas participen. Descansa sobre la base de un ciudadano que sólo sufraga periódicamente para escoger de entre las alternativas que le ofrece una elite partidocrática. Se pensó en un individuo apático y sumiso que debe satisfacerse con lo que le entrega el modelo, quien debe hacerse responsable de su fracaso y simplemente, salvo alguna mediática campaña caritativa, ser indiferente ante la necesidad ajena. El problema es de cada uno.

Entre cuadro paredes “los elegidos” fraguan sus decisiones, parapetándose detrás de los “expertos”, quienes, formados en sus segregados colegios y universidades, con sus curvas y estadísticas bajo el brazo dicen a todo pulmón “¡no se puede!”, “hay que perfeccionar, pero nunca cambiar”.

Para Colin Crouch. “La democracia prospera cuando existen más oportunidades de que una gran parte de las personas corrientes intervenga activamente en el diseño de la agenda pública – y no sólo a través del voto sino también de la deliberación y de la participación en organizaciones autónomas -; cuando se aprovechan de forma activa de esas oportunidades; y cuando a las élites no les es posible controlar ni banalizar las modalidades de debate.”

La forma en la que se pretende hoy en día ejercer la actividad política, con un carácter excluyente y reductivo, en el que sólo un pequeño grupo de privilegiados deciden de entre muchas las alternativas cuál es la decisión que se aplicará y que afectará a una gran masa de personas, pero no a quienes han tomado aquella decisión, desconociendo la realidad sobre la que impactará la política pública.

Como todo proceso, la decadencia y cuestionamientos a la democracia son inevitables, ya que parece ser de la esencia una crisis para perfeccionar el sistema.

Quienes hoy reclaman contra la democracia, comparten con los indolentes y pasivos la circunstancia de asumir que la política es asunto de unos pocos, de una clase, a quienes se puede vapulear por las redes sociales y los medios de comunicación por hacer las cosas mal, sin tomar en consideración que la manera más efectiva de accionar es interviniendo responsablemente en política, en lugar de refunfuñar en un rincón de la web o delante de un televisor, esperando que los otros nos solucionen un problema que es de todos.

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