Opinión

Plan contra la desinformación

Con estas acciones, la UE da un gran paso en el combate de uno de los males de la democracia disminuyendo su impacto social.

Por: Diario Concepción | 07 de Junio 2019
Fotografía: Cedida

Dr. Gilberto Morales Colipe
Académico del Programa de Estudios Europeos
Universidad de Concepción

La confrontación de ideas políticas es una característica del debate democrático. La buena salud de esta práctica depende de reglas del juego claras basadas en información verídica y no manipulada.

La Unión Europea cuenta, a partir de este año, con un plan de acción destinado a contrarrestar informaciones falsas para proteger sus sistemas democráticos y debates públicos.

Las recientes elecciones fueron una prueba para ese plan. Afortunadamente, hoy los debates políticos están dentro de “lo normal” en el ámbito post eleccionario. Se discute acerca de ganadores, perdedores, de quienes suben o bajan, de temas de presente y futuro; pero no de informaciones falsas que podrían haber incidido en los resultados como ocurrió con las votaciones de Trump o del Brexit que dejaron atónita a la comunidad internacional.

Al parecer, se comienzan a ver frutos de un plan que presentó el año pasado Federica Moguerini, Alta representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, quien enfatizó que “la salud de la democracia depende de que haya un debate abierto, libre y justo. Tenemos el deber de proteger este espacio y no permitir que nadie siembre el odio, la división y la desconfianza en la democracia”.

Tal como lo difunde la propia UE, el plan contra la desinformación propone acciones sustentadas en cuatro pilares: aumento de recursos, respuesta coordinada a los ataques, código de buenas prácticas, y creación de grupos de verificación y contraste de datos.

Los recursos aumentan para mejorar la detección precoz de noticias falsas con personal especializado y herramientas de análisis de datos. La respuesta coordinada facilita el intercambio de datos y evaluaciones de campañas para enfrentar la desinformación en tiempo real. El cumplimiento del código de buenas prácticas se exige a las plataformas que ofrecen información en línea, lo que permite identificar cuentas falsas e interacciones no humanas. Y los grupos especializados sensibilizan a la ciudadanía acerca de posibles campañas de desinformación y trabajan en su detección temprana en las redes sociales.

Con estas acciones la Unión Europea da un gran paso en el combate de uno de los males del debate democrático disminuyendo los impactos sociales negativos que provoca la desinformación. Esfuerzo que –sin duda- debe continuar en otras latitudes a nivel institucional y ciudadano.

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