Opinión

Cómo poner los puntos sobre las íes

Por: En el Tintero | 12 de Mayo 2019

Hay historias en la historia que parecen cuentos bien contados o, a lo mejor, se trata precisamente de eso, como lo que sucede a continuación, cuando en 1883, el pueblo mexicano de Castañas, en el estado de Chiapas, había dejado de llover por un período insoportablemente largo.

En esa situación desesperada, siguiendo al pie de la letra lo de «el agua es un regalo de Dios», el alcalde publicó este bando: Considerando que el Supremo Hacedor no se ha portado bien con este pueblo, una vez que en todo el año anterior tan solo ha caído un aguacero y que en este invierno no ha llovido y, por consecuencia, se ha perdido la cosecha de castañas de la que depende el pueblo, decreto lo siguiente: 1º.- Que si dentro de ocho días no lloviese abundantemente nadie irá a misa ni rezará. 2º.- Si la sequía durase ocho días más serán quemadas las capillas y destruidos los misales y rosarios del pueblo. 3º.- Si tampoco lloviese la semana siguiente ni la posterior se procederá a la quema de frailes y monjas, y al apaleamiento de beatas y santurrones. En cuanto al presente, se concede licencia para cometer todas clase de pecados y para que así el Supremo Hacedor sepa y entienda de una vez con quién va a tener que vérselas en lo sucesivo. Una advertencia que se procedió a exponer en todos los sitios visibles, a mayor abundamiento, ya sea para estimular la fe, o para subrayar su voluntad al alto cielo.

Como no se ha sabido de quema de iglesias en esas fechas y afortunadamente tampoco de beatas, monjes o monjas, es de suponer que llovió a cántaros ante tamaña amenaza, o los pobladores se encargaron de mandar a paseo a un alcalde claramente pasado de revoluciones.

PROCOPIO

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