Opinión

Massú, algo más que garra y buenas arengas

Chile volvió al Grupo Mundial del tenis después de 8 años, de la mano de Jarry y Garín, con el chillanejo Barrios y el emblemático Massú en el banco. Caras nuevas, alentadas y ordenadas por uno que sabe muchísimo.

Por: Paulo Inostroza | 04 de Febrero 2019
Fotografía: La Tercera

Con Massú gritando ahí afuera, parece que hasta uno pudiera tomar la raqueta y ganarle al que sea. Cómo no creerle si fue oro y Top Ten sin la mitad de potencia que González y ni un tercio de la magia de Ríos. Cómo no motivarse cuando habla sin palabras bonitas, pero tan desde el alma. Un gallo al que le creemos, al que respetamos y que nos hace bien. A los jóvenes, mucho más.

Pero Massú, como tenista, no sólo era garra. El tipo era inteligente. Conocía perfectamente sus virtudes (la paciencia, el físico para aguantar partidos largos), sus limitaciones y jugaba inteligentemente según el rival, la cancha y hasta aprovechando el público, cuando se trataba de la Copa Davis. Había mucha actitud y trabajo, pero también inteligencia.

Y como técnico, el “Nico” sigue demostrando esa cabeza fría para pensar los partidos y las series. Un Massú que, de partida, confió en estos muchachos cuando todavía se les consideraba una generación perdida y la gente decía que después de González y Massú no teníamos nada. Confió en esos niños, les enseñó lo que vendría cuando jóvenes.

Carcuro y compañía pedían a Jarry en todas: los dos singles y dobles. “Es nuestra gran carta”, “tenemos que apostarlo todo”. Pero Massú pensó otra cosa: Barrios es un buen doblista y puede dar la sorpresa. Lo que no estaba contemplado era que fallara Podlipnik. Quería a un Jarry descansado para que barriera con el uno austriaco y así fue. Y sabía que ese era el punto más importante porque Garín, con todo lo que fue criticado el primer día, ganaba fijo el último punto. El “Vampiro” lo sabía.

Y fue tal cual. Con Massú emocionado tirándole todas las flores a los muchachos. Nada para él. Porque sabe lo que es la Davis, cómo se vive, cómo se sufre. Porque quiere que se empapen de gloria para devolvernos la fe.

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