Opinión

Una caída esperada

Por: Diario Concepción | 01 de Febrero 2019
Fotografía: Diario Concepción

Jorge Condeza Neuber
@jorgecondezan

Una de las noticias más notable del terremoto en Coquimbo fue la de una familia sorprendida cenando a la hora del sismo y que asustada, ante un posible tsunami, corrió para lograr estar en un lugar más seguro. La noticia no fue la velocidad a la que escapó el grupo familiar a buscar refugio, sino la velocidad a la cual volvieron a pagar la cuenta el día siguiente. Tan notable actitud, les valió fotografía y entrevista a página completa en el diario local.

Gente que devuelve una billetera o que avisa cuando le cobran de menos, o el caso de esta decente familia, son asuntos que alguien destaca porque reflejan exactamente cuál es nuestra cultura plagada de casos de fraudes, hurtos o robos y donde se anuncian, casi como una gracia y con letras de liquidación, los abusos de los que tienen poder o las pillerías de los que simplemente tienen la oportunidad de hacerlas.

Por eso, para muchos no es sorpresa que hayamos bajado en el índice de percepción de la corrupción que publicó hace unos días Transparencia Internacional y que nos ubica en el lugar 27 entre 180 países. Mas bien sorprende que aún estemos entre los 30 mejores del mundo y que los casos detectados en el último tiempo no hayan mermado aún más la posición de nuestro querido país.

Aunque la vocera trate de aminorar el tema y que los vecinos estén peor, lo concreto es que pasamos del lugar 17 el año 2002 al 20 el 2012 y escalamos al 27 debido al destape del fraude en Carabineros, el Milicogate, los numerosos casos de financiamiento irregular de la política, Penta, SQM y Corpesca, sin mencionar la larga lista de aquellos que no se quisieron investigar. También colaboraron en esto el caso Caval, la negativa del Senado a entregar los informes de asesorías, los viáticos falsos pagados a los parlamentarios y el sinnúmero de fraudes y malversaciones cometidas por nuestra clase política.

Cada caso aporta un grano de arena y muchos fueron abiertos, pero si estos se hubiesen resuelto el resultado sería otro, porque la innegable impunidad explica el 90% del alza en la percepción de corrupción. Es en el actuar de los persecutores donde radica el problema, aceptando o proponiendo acuerdos que dejan a la gran mayoría con la boca abierta. ¿Alguno de los casos que mencione más arriba tiene culpables? Sí, y muchos; pero sin condenas y los que pudieran estar unos días en la cárcel será por casos menores y nunca alguien de alto rango. En muchos casos, las carpetas sólo acumulan telarañas y hoy abundan los perdonazos masivos, ordenes de no perseverar o nula acción de organismos que tienen la potestad de no querellarse bloqueando así cualquier investigación de la Fiscalía.

Yo me pregunto si habrán contribuido al alza de la percepción de corrupción las declaraciones del fiscal nacional que invitó a los subalternos a no alterar los quórum en el parlamento.

Irse sin pagar la cuenta en un restaurante es un delito y esa familia, que en medio del terremoto educó a sus hijos, lo sabe; pero en Chile la gran mayoría de los corruptos se van sin pagar la cuenta frente a todos.

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