Opinión

El cuidado de los árboles derechos

Por: Procopio | 12 de Enero 2019

Nadie puede negar que sean otros tiempos, no han hecho otra cosa que cambiar desde que entendimos que somos pasajeros de breve estadía en este lindo planeta azul. La pregunta legítima es si esos cambios son todos para bien, o si, sobre todo los jóvenes, son más felices viviendo permanentemente con un renovado festival de ofertas, que cuando éramos más apocados y austeros.

Es posible estimar, sin exceso de nostalgia, que las nuevas libertades pueden tener un costo alto, resultar en angustias, desconciertos y pérdidas de la razón misma de vivir. Se puede elegir desconocer el alza en problemas de adaptación, las altas tasas de depresión juvenil o las duras cifras de suicidios, aunque mentirosas, porque aparecen muchos menos de lo que son, ocultando la cifra negra de los intentos fallidos, todos indicadores sombríos de una realidad insatisfactoria.

El asunto es que puede haber una responsabilidad nuestra, como adultos responsables, en las actitudes permisivas, que pueden ser políticamente correctas, pero nefastas por dejar en manos de niñas y niños la libertad de optar por conductas que no pueden dimensionar a cabalidad, que son complicadas de resolver hasta para adultos con criterio supuestamente formado.

Como el ejemplo muy menor, aquel de la indisciplina y el desprecio a los reglamentos, que se ha hecho sentir como retrógrados y oscurantistas. Pareciera ser conveniente invitar cordialmente a volver con mesura a los viejos tiempos de la autoridad paterna y a renunciar resignadamente a ser elegido mejor compañero, para ser, en cambio, los padres que hacen muchísima falta.

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