Opinión

Algunos problemas de la Academia

Por: Diario Concepción | 11 de Enero 2019
Fotografía: Diario Concepción.

Danny Gonzalo Monsálvez Araneda
@MonsalvezAraned

La Universidad es o debería ser por esencia un espacio privilegiado en el cual se desarrollen y promuevan con gran fuerza los valores de la libertad, pluralismo y la tolerancia, así como la crítica, entendida como aquella herramienta de análisis, no para destruir o caer en lo negativo, sino más bien para promover la discusión permanente y el aporte a la producción del conocimiento.

Sin embargo, aquello muchas veces ha quedado en la simple teoría (papel) o en los deseos de algunos, ya que la Universidad, al igual que otras instituciones no está ajena o escapa a los problemas, vicisitudes, debilidades y las respectivas miserias e ignominias del ser humano. En otras palabras, el mundo de la academia experimenta al interior de sus pasillos, oficinas y aulas una serie de problemas que la han convertido en un espacio privilegiado para dar cuenta hasta qué punto puede llegar, por ejemplo las ambiciones de poder y figuración de algunos de sus integrantes.

Ahí tenemos dos grandes problemas que aquejan y degradan profundamente el quehacer en las Universidades, ya que los valores de la libertad, pluralismo y tolerancia, quedan supeditados o reducidos a los mandatos, designios y voluntad de quienes tienen en sus manos la responsabilidad de la conducción o toma de decisiones.

Por un lado, situamos, por ejemplo, aquello que podemos designar como la autorreferencia, aquellos aires de superioridad acompañados de determinada soberbia con la cual se busca dar cuenta de su condición académica, incluso personal, al punto de considerarse más importantes que la propia institución o que sus acciones (proyectos o iniciativas) son impolutas, intocables y sobre todo irremplazables.

Aquella variante, que podríamos denominar como ególatra de la actividad académica, viene a constituirse en uno de los grandes problemas que por estos días afecta el quehacer universitario, ya que las lógicas neoliberales han alimentado y promovido de tal manera la competitividad y el individualismo en el trabajo científico, que esa “egolatría académica”, esa eventual superioridad profesional, con ribetes intelectuales se ha convertido en un patrón de conducta y de presión.

El otro gran problema es el tema del poder. Qué duda cabe que la Universidad es un gran campo de poder, de relaciones de poder, donde cada uno de sus integrantes pasa a convertirse en un dispositivo de ese poder, es decir, en un micro poder que opera, actúa y se mueve en función de determinados anhelos como por ejemplo, el prestigio, la figuración, el sentirse irremplazable o bien tener las herramientas para tomar decisiones que afectan o repercuten en el resto. La versión o degeneración de aquello es el autoritarismo académico. Una forma de ejercer el poder que busca la concentración de este mediante diversos mecanismos que mezclan lo formal con lo informal; lo cual se disfraza bajo un ropaje democrático y participativo.

En consecuencia, los problemas de la academia no son solamente económicos, de financiamiento, son también ponerla a resguardo de las prácticas autoritarias y fatuas.

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