Opinión

El profesor y su rol clave frente a la desigualdad

Por: Diario Concepción | 06 de Enero 2019
Fotografía: Diario Concepción

Álvaro González Sanzana
Académico e Investigador U. de Magallanes
Doctor en Psicología y Ciencias de la Educación, U.
Católica de Lovaina, Bélgica,
Profesor de Historia y Geografía UdeC.

Hace sólo una semana, los alumnos que rindieron la PSU efectuaron sus postulaciones para optar a una carrera universitaria, antesala de su recorrido profesional. Esta decisión -personal y social a la vez se encuentra cruzada por una multitud de variables profusamente documentadas por la literatura especializada y que dicen relación con el origen sociocultural, el rendimiento académico, el apoyo de la familia, el tipo de establecimiento frecuentado y las estrategias racionales desarrolladas por los alumnos en relación con el acceso a la universidad, entre otras.

Sabemos que las preferencias por las carreras en nuestras universidades se encuentran segregadas socialmente y que las pedagogías en su conjunto no logran actualmente atraer a los mejores puntajes, ya sea porque la profesión no goza de gran valoración social o porque ésta no permite obtener salarios competitivos al egresar, amén de las condiciones de trabajo, muchas veces difíciles.

A pesar de ello, quisiera destacar tres motivos por los cuales se hace necesario estudiar pedagogía en estos tiempos.

En primer lugar, todo aquél que considere que su labor profesional no está llamada únicamente a reproducir la sociedad sino transformarla, encontrará en la pedagogía un terreno fértil. Un profesor debe tener la capacidad no solamente de cubrir el currículum prescrito y aplicar estrategias didácticas aprendidas en sus estudios universitarios, sino también, entre otros, de innovar en permanencia, trabajar colaborativamente, integrar las nuevas tecnologías y sus potencialidades al aula, con la finalidad de llevar a los alumnos al límite superior de sus capacidades y permitirles convertirse a su vez en un aporte para la sociedad.

En segundo lugar, a diferencia de lo que planteaba el famoso informe Coleman (1966), es decir, que cualquier aspecto que se pudiera medir en la escuela tendría menor efecto que los antecedentes familiares en los resultados de los estudiantes, hoy se sabe que el efecto que tiene un profesor y su trabajo en el aula sobre los aprendizajes de los alumnos es muy elevado.

No se trata de negar la importancia de las determinantes socioculturales en el recorrido escolar de los alumnos y reemplazarlas por una especie de ilusión pedagógica, puesto que los procesos escolares se caracterizan por numerosas interacciones y la escuela no puede por sí sola resolver las desigualdades sociales, pero se hace necesario subrayar la relevancia del profesor como agente fundamental de cambio.

Finalmente, en un periodo de profundas reformas y transformaciones en el ámbito de la educación, el profesor está llamado a participar activamente de la reinvención de la institución escolar. En efecto, restablecer la confianza de la comunidad en los colegios es una responsabilidad compartida, pero el profesor tendrá en esta tarea un rol primordial.

Numerosos son los desafíos que le esperan: establecer vínculos entre la pedagogía y la investigación, preparar a los alumnos para la vida social y profesional, construir una escuela tolerante y diversa, formar ciudadanos bajo normas y valores que nos permitan vivir en conjunto y, por supuesto, crear una escuela más justa que nos permita señalar con orgullo que en Chile, sin necesidad de copiar modelos importados, se construye día a día una verdadera institución meritocrática con igualdad de oportunidades, en la que se respeta, valora y potencia a cada alumno en su singularidad.

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