Opinión

El fallido intento de parar el sol

Por: Procopio | 02 de Octubre 2018

Lo que es capaz de hacer la tecnología no tiene nada de nuevo, en Leyden se inventó una  máquina para hacer galones, probada con incuestionable éxito en 1629.

Las revueltas de los galoneros forzaron al ayuntamiento a prohibirla; diversas ordenanzas de los Estados Generales en 1623, 1639 y siguientes procuraron limitar su uso, hasta que, finalmente, el mismo fue autorizado, bajo ciertas condiciones, por la ordenanza del 15 de diciembre de 1661.

En esta ciudad —dice una publicación del  Institutiones Politicæ, Leyden, 1663- se trató de introducir el molino de cintas  “ciertas personas inventaron hace aproximadamente veinte años un instrumento para tejer, con el que un individuo podía producir más tejidos y hacerlo más fácilmente que varios hombres, sin dicho instrumento, en el mismo tiempo. Esto fue causa de tumultos y quejas de los tejedores, hasta que el ayuntamiento prohibió el uso de dicho instrumento”. La misma máquina fue prohibida en 1676 en Colonia, mientras que su introducción en Inglaterra provocó, disturbios protagonizados por los trabajadores.

Un edicto imperial proscribió, el 19 de febrero de 1685, su uso en toda Alemania. En Hamburgo la máquina fue quemada públicamente por orden del ayuntamiento. Carlos VI renovó, el 9 de febrero de 1719, el edicto de 1685,

Esta máquina, que tanto alboroto provocó en el mundo, fue en realidad la precursora de las máquinas de hilar y de tejer y, por tanto, de la revolución industrial del siglo XVIII. Posibilitó que un muchacho carente de toda experiencia en tejeduría, simplemente tirando de una palanca y empujándola, pusiera en movimiento un telar completo con todas sus lanzaderas produciendo  de  50 piezas por vez.

A poner las barbas en remojo, se viene otra oleada de máquinas, esta vez sin posibilidad de quemarlas.

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