Opinión

Una mirada a la Generación del 40

Por: Diario Concepción | 12 de Septiembre 2018
Fotografía: Cedida

Sandra Santander Montero
Curadora Pinacoteca UdeC

Los procesos artísticos en sus diferentes líneas de acción, históricamente han convertido su producción en posibilidades múltiples de lecturas e imaginarios que permiten la comprensión y/o traducción de sus lenguajes y modos de hacer, casi siempre relacionados con aspectos geopolíticos y socioculturales de cada región. Esas lecturas van posibilitando su instalación y legitimación en el tiempo, para luego dar paso a otro proceso y así sucesivamente.

Hacia mediados del siglo XX, la inscripción en las nuevas tendencias artísticas era casi un deber para los jóvenes pintores que despuntaban la escena local chilena. También lo era la anhelada estadía en París, epicentro en esos días de los movimientos estéticos, literarios y filosóficos. Aquellos que no lograron alguna beca se conformaron con una suscripción a la distancia y, a su modo, absorbieron sus conceptos en las voces de los afortunados que sí estuvieron allí y regresaban obnubilados por las vanguardias europeas, por la disolución de las formas del impresionismo, el enfoque cerebral del cubismo o la abstracción y, fundamentalmente, la lección constructivista de Cézanne, que caló hondo en nuestros pintores.

Mientras en nuestro país operaban cambios políticos y sociales muy profundos. Una fuerte depresión económica por el derrumbe del salitre provoca una larga inestabilidad política en la década del 30, por esos días también se avanza en la educación primaria que ya es gratuita y obligatoria, Gabriela Mistral obtiene el Nobel de Literatura y la mujer chilena vota por primera vez en una elección presidencial.

Ese es el escenario en el que se desarrolla gran parte de la obra pictórica de cinco artistas chilenos, que en estos días se presentan en la exposición “La mirada taciturna”, en la Sala David Stitchkin. Reúne obras de Camilo Mori, Ana Cortés, Ximena Cristi, Israel Roa y Manuel Gómez Hassan, todos formados en los talleres de la Universidad de Chile, en su mayoría integrantes de la Generación del 40, heredera del llamado Grupo Montparnasse, que replicaron en Chile, algunos años antes, los conceptos de las vanguardias europeas en abierto conflicto con la tradición académica del medio nacional. Aquellas obras, que hoy podríamos considerar “pintura tradicional”, fueron en su día cuestionadas e ignoradas por la élite cultural academicista, ya que no podía considerarse arte aquello que no aspiraba a la belleza de las formas y el apego a la realidad, indicador inapelable para medir el talento y la genialidad del artista.

La pintura de estos cinco artistas recoge y reformula las lecciones del Montparnasse y trasladan a la tela el gesto de una mancha suelta, generosa y rica en cromatismos fuertes – que tiene sus raíces en el expresionismo europeo como también en el lejano impresionismo-, fundamentada en la interpretación de la realidad, tensionando y desplazando, ya sin retorno, la complacencia del realismo representativo en la pintura.

El paisaje, entonces, se vuelve un eco, un referente fragmentado y distante de la realidad, los objetos se expresan en una síntesis que surge desde la experiencia del pintor, y en los personajes, el retratado es sólo un punto de partida, predominando en el resultado final el “sentir” de una mirada subjetiva y escrutadora del autor.

En el actual escenario de cambios constantes e innovadores en los lenguajes del arte, puede ser revelador volver la mirada sobre la Generación del 40 en la obra de estos cinco artistas, tres de ellos Premios Nacionales, que participaron activamente en parte de un proceso cultural importante: el de la historia del arte chileno.

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