Opinión

Entre la realidad y la fantasía

Por: Procopio | 09 de Septiembre 2018

Ha llegado el mundo de la imágenes, los chinos que estaban entrados en razón milenios antes que los occidentales entendieran  de asuntos intangibles como la cultura, habían descubierto que una imagen vale más que mil palabras, novedad que nos hemos demorado en explotar, pero que algunos han logrado dominar para salir a vender sueños caros.

Algunos de estos sueños son factibles, otros no, un tanto febriles, o propios de una muy incorrecta apreciación de la realidad, que no siempre es flexible a las demandas de los sueños. Talvez eran mejores  los sueños aterrizados, como los de antes, con la cancha un tanto rayada por los padres y abuelos, con tradiciones familiares, que daban una idea más cabal de nuestras posibilidades, para muchos era bueno ser como ellos, o más o menos como ellos, haciendo otra cosa.

El cambio más importante ha sido que los referentes están ahora en otra parte, en los medios y su esplendorosa y cautivante tecnología, siempre renovada, las personas allí son más bellas, más listas, más ingeniosas, más ricas, más felices. Sin embargo, la vida empieza a mostrar que se requiere más esfuerzo que en la tele, los trabajos no son tan creativos o satisfactorios como se esperaba, que las personas no son como en la pantalla de alta fidelidad de imagen, que realmente la fidelidad es sólo de la imagen, que viajar en avión no es tan glamoroso. Manejar esas contradicciones es la nueva tarea de los que ingresan a esta fase de la vida.

Muchos jóvenes ya lo han descubierto, los adultos, aunque más feos, menos brillantes, menos chispeantes o exitosos que en la televisión, no son tan tontos como parecía, podrían ser, sorpresa tamaña, de bastante ayuda. Como en todo, con algunas, poco honrosas, excepciones, es de esperar que sean las menos.

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