Opinión

La letal pintura de guerra

Por: Procopio | 10 de Agosto 2018

A veces las guerras se libran en escenarios poco convencionales, aunque no por eso con resultados menos definitivos, así como ocurre con el encuentro del poderoso general romano Marco Antonio y su contraparte real, la inefable y casi mítica Cleopatra. Lo que está en juego es Egipto, proveedor de trigo para la expandida república de Roma e indispensable para alimentarla.

Marco Antonio tenía las mortíferas legiones a su haber para entrar en conversaciones en un plano de superioridad, lo que no sabía es que los egipcios habían avanzado mucho en el campo de la estética, habían descubierto que los cosméticos servían para bloquear la radiación solar y evitar sus desagradables consecuencias, pero también que los preparados aumentaban su atractivo. No ha de ser lo mismo una egipcia enrojecida y anodina que otra brillante, con ojos acentuados y boca de lindos colores. Efectivamente, las damas preferían el verde malaquita y antimonio negro como sombra de ojos, con un amplio abanico cromático de mezclas metálicas y botánicas.

El encuentro entre una reina de alto voltaje, como el de Cleopatra, con un general endiosado de la hegemónica república romana, no podía pasar inadvertido, cuando ella, siempre atenta al detalle, salió al encuentro de Marco Antonio en su barca dorada y perfumada a fondo, exhibía con certeza un maquillaje irresistible.

Nada excesivo; se había pintado azul el párpado superior y verde el inferior, enfatizando los contornos de los ojos con líneas negras, al igual que en las cejas, se había blanqueado la cara, el cuello y el pecho, con pequeñas líneas azules para dar la impresión de piel pálida que transparentaba las venas, y los labios estaban  enfatizados con rojo carmín. Nunca supo el pobre Marco cuando fue que había perdido la guerra.

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