Opinión

De ética y formas

Por: Diario Concepción | 08 de Agosto 2018
Fotografía: Carolina Echagüe M.

Andrés Cruz Carrasco
Abogado, magíster Filosofía Moral

Toda acción humana parece poder ser escrutada hoy en día. Estamos continuamente juzgando y siendo juzgados. Reclamamos la ausencia de la ética, que parece encontrarse en retirada, siendo sustituida por la rentabilidad, los formalismos más absurdos y el legalismo extremo. Si genera ganancia y está bien vestido es bueno, si está conforme a la letra de la ley es correcto. La moral está en la boca de todos. Nos estamos repletando de reglamentos y normas destinados a impedir las conductas contrarias a la ética. ¡Hasta con certificaciones que permiten acreditar que no se vulneraron las reglas, que permiten estampar sellos de todos los colores, dando cuenta que no se ha incurrido en abusos, uso de productos peligrosos, explotaciones indebidas de personas y recursos naturales! En las redes sociales proliferan las protestas y denuncias contra lo que se dice son comportamientos que no pueden ser aceptados.

Ante el conflicto, se supone que hemos renunciado al uso de la fuerza como un medio para su solución y para abordarla, se debería preferir el diálogo. En este contexto, nadie debería ser sacrificado, ignorado o despreciado. Suponemos una ética de la integración y de la no discriminación en el sentido más amplio de la palabra. Esta perspectiva nos permitiría generar las condiciones para que se pueden hacer confluir distintas visiones de vida, en lugar de limitarnos a intentar corregir a los que un sector considera como “desviados”. Así, la proliferación de los mecanismos de control, además de demostrar el fracaso de los sistemas de educación, encierra el riesgo de imponer un conjunto de reglas éticas que buscan moldear al ser humana en el marco de una mirada muchas veces estrecha y conforme al criterio de quienes son los que controlan los círculos del poder. Es decir, aquellos que pueden tomar las decisiones. De este modo, más que asegurar una adecuada protección de la moralidad, lo que se hace es neutralizar la ética. Dejarla entre paréntesis. Según Mark Hunyadi: “los derechos, las libertades, la igualdad son objeto de atención, pero no lo son los modos de vida; se habla de la ética de los negocios, pero no del capitalismo financiero; el consentimiento de los pacientes es motivo de preocupación, pero no así la deshumanización de la medicina; se evalúan los riesgos técnicos, pero se deja que opere la influencia de la tecnocracia sobre el mundo. Y así sucesivamente”. Este fraccionamiento de la ética, que permite ir blanqueando sistemas inmorales, hace que nos quedemos satisfechos cumpliendo con las formas y la pequeña regla de comité, en la solución del corto plazo, sin proyección futura.

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