Opinión

Alarmas a la hora de comer

Por: Procopio | 07 de Agosto 2018

Los más antiguos comentan, con inconvincente resignación, que antes se podía comer de todo, ahora basta con mirar la mesa puesta y esta parece campo minado, sin saber, se comía lo que hubiera disponible, totalmente ajenos a triglicéridos, colesteroles de diversos tipos, sodio en proporciones desconocidas, metales raros, exceso de carbohidratos, lípidos de bajo punto de fusión, niveles adecuados de agua y así, interminablemente. Bailamos el ritmo de las últimas noticias, en lo relativo a los alimentos y sus acciones benéficas o las deletéreas. Zanahorias, paltas, cebollas, repollos, adquieren de pronto estatura de milagro, asegurando salud inquebrantable o, por lo menos, da quiebres más bien superficiales.

El rey en cuyos dominios no se ponía el sol, Carlos V, no tenía esos temores, empezaba el día con un desayuno variado con porciones pantagruélicas de cerezas y fresas, acompañadas de generosa porciones de cremas y natas. Luego un pastel con especias, juntamente con un pernil acompañado con tocino, por si este último estuviera bajo en colesterol.

El almuerzo parecía la lista de platos en el inventario de un restaurante bien provisto, en el cual cabían todos los animales comibles y los peces y mariscos, sin olvidar compotas, frutas y mermeladas. En 1511, un británico comunica su asombro al ser testigo de la cantidad de cerveza y vino, tomados en cantidades apropiadamente imperiales. Llevó la cuenta en una cena de rutina, Carlos bebió cinco veces durante el ágape, pero en cada sorbito desaparecía sin dejar rastro casi un litro de vino.

Tuvo, eso sí, una muerte pésima, así que no es ningún ejemplo de conducta, por los demás, ahora es muy difícil que alguien tenga el tiempo, o los recursos, para imitarlo, menos mal, así podemos durar más o, por lo menos, tener la conciencia más tranquila.

PROCOPIO

Etiquetas