Opinión

El fin de semana en que caían medallas del cielo

“Y mientras los primos Grimalt se titulaban campeones en Tokio, las hermanas Abraham se subían al podio Mundial otra vez”.

Por: Paulo Inostroza | 30 de Julio 2018
Fotografía: Gentileza IND

Esta columna iba a ser sobre “Nico” Jarry, que le ganó al 8 del mundo, algo que no ocurría desde los mejores días de Fernando González. Pero, al final, se quedó en semifinales, mientras paralelamente caían medallas penquistas desde el remo, un par gracias al mismo tenis y otras dos del atletismo. Y eso no quita que la semana de Jarry fue buenísima y hoy ya está cerca o dentro de los mejores 50 del mundo. Por eso Jarry está en la columna, pero no es suya. Es un poquito de todos, especialmente, de los que siempre aparecen en el recuadro chico.

Primero fue Isidora Jiménez, cuestionada el último tiempo por no entrar en finales mundiales y con todos los “especialistas” de Facebook recomendándole que cambie de distancia. Y aunque hoy está en Santiago y no contesta muchos teléfonos de Concepción, sigue siendo nuestra y en los Panamericanos Universitarios de Sao Paulo demostró que sigue siendo una gacela. En Brasil corrió más rápido que todas, incluso las poderosas mexicanas, y se colgó oro en 100 y 200 metros.

Y mientras el vóleibol femenino luchaba hasta el final por un bronce que no se dio, Jordan Iturra demostró que es de verdad. Porque si el año pasado los aplastó a todos en Colombia, a nivel Sudamericano, esta vez hizo lo mismo ya en un Panamericano y se llevó oro. Un cabro sencillo, de Tomé, que se preparó atrás de la Casa del Deporte, en la canchita que está al lado de los estacionamientos… Lo más parecido a la superficie dura que lo recibió en Sao Paulo. Sin sobrarle nada, salvo talento y corazón, la hizo. Y, además, se llevó el bronce en dobles junto al también penquista Bastián Acevedo.

Y mientras los primos Grimalt se titulaban campeones en Tokio, las hermanas Abraham se subían por segundo año consecutivo al podio mundial. Superando a las griegas, a la dupla bielorrusa y cargando con el cartel de favoritas durante cada carrera. Y eso pesa, aunque Melita y Antonia ya se acostumbraron. Sí, ellas hace rato están entre las mejores del planeta y cuando su bote está en el agua todos saben que hay que ponerle ojo. Seguro que querían el bicampeonato, pero el aplauso se lo llevan igual. De aquí a Tokio, seguirán trabajando duro y mejorando ya casi sin notarlo, salvo cuando miran al resto que viene detrás. Tremendas.

Y allá en Hamburgo, seguramente Jarry fue a la cancha para ver como Julio Peralta – junto al argentino Horacio Zeballos- ganaba la final de dobles derrotando al 2 y 3 del mundo. Una semana cargada de medallas, como si cayeran del cielo en un tiempo de mucha lluvia. Una generación para disfrutar e ilusionarse. Para motivar a los niños. Para inflar el pecho.

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