Opinión

El peligroso hábito de pensar

Por: Procopio | 14 de Julio 2018

La modernidad nos da espacios para pensar, partiendo del principio, bastante pedestre, de las prioridades;  Primum  vivere deinde philosophare, algo así como primero comer, después filosofar. Debe ser por algo así que,  en lo que a nuestra cultura se refiere, la mayor parte del conocimiento haya sido, para empezar, de naturaleza puramente práctica; seguir vivos.

No es de extrañar, en aquellos tiempos no quedaba espacio para las filosofías, ante prioridades rigurosas y ambiente sin misericordia para nadie. Se ha propuesto que haya sido de ese modo por bastante tiempo, hasta la luminosa aparición de Tales, ciudadano incómodo de Mileto, en las colonias griegas de Jonia.

Por lo que parece, los griegos se encargaron de sembrar la duda, del conocimiento pragmático, a la aventura sin fin de averiguar sobre la naturaleza de las cosas. Un asunto un tanto espinoso, ya que si lo pensamos, sin este último objetivo, el conocimiento tiene  por lo general buenos resultados, mientras más conocimiento práctico, mejor, más  poder, más éxito y , por eso mismo, era una suerte de monopolio de las clases dominantes.

Tales y sus seguidores transformaron el misterio en cosa pública, conocimiento para todos, acumulable y discutible, sometido a crítica, digno de búsqueda.  De repente hay una cosa nueva en el mundo, que los griegos llamaban episteme y que nosotros llamamos ciencia. Conocimiento organizado, mediante el cual se establece una relación entre el hombre, o la mente de éste y el mundo exterior, no como antes un mundo incomprensible, sino desde entonces, un mundo por conocer.

Abierta es puerta, todo quedó sometido a escrutinio, asunto altamente inconfortable para los que estaban allí porque nadie se había tomado la molestia de pesar si eso era lo correcto, malas noticias, de plena vigencia.

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