Opinión

El dudoso derecho de ejercer violencia

Por: Procopio | 10 de Julio 2018

El rechazo a la violencia está en todas partes, grandes carteles en todos los idiomas así lo expresan, se rechaza la violencia, pero extrañamente los que la rechazan lo hacen, muchas veces, violentamente. No es del todo asombroso, se ha declarado que el siglo XXI tendrá, como gran problema, enfrentar la violencia, no es que seamos mansos corderos, con ocasionales malentendidos, pertenecemos a una especie asesina, que se ha ganado su lugar en el planeta no precisamente por su capacidad de negociación pacífica, sino por la sistemática tendencia a exterminar a sus rivales.

En épocas pasadas el término violencia se entendía como actos tangibles de agresión y destrucción, encaminados a deteriorar, en la medida de lo posible de modo irreversible al oponente de turno y por conocida metodología, bastante cautelada por sanciones reguladoras. En la actualidad se comprende que la violencia incluye esos actos, pero es ahora es más compleja, ya que añade el abuso en otras formas, la utilización de herramientas intelectuales, transformadas en armamento, para herir sin daño visible; abuso sicológico de los más débiles.

Como toda cultura, la cultura de la violencia es un producto de la sociedad, es una suerte de adulteramiento, de distorsión maliciosa de las relaciones humanas, en el seno de grupos y familias. Muchas veces nace allí mismo, si así fuera puede ocurrir en cualquier parte y con mayor ferocidad, se la llevan los integrantes a sus otros ámbitos, deportivos, académicos o laborales. Se pierde la habilidad de resolver conflictos por medios pacíficos y se transforman los litigios en una competencia de quien es más bruto. Es de esperar que la inteligencia de base permita redescubrir que frente a los argumentos a palos hay mejores opciones.

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