Opinión

Aumento de malos de la cabeza

Por: Procopio | 08 de Julio 2018

Andar mal de la cabeza no es un asunto moderno, es tan antiguo como la cabeza misma, en realidad mientras más sabemos del contenido del cráneo, más difícil es comprender que andemos por allí felices, bien de la cabeza, cuando por teoría de posibilidades y la ley universal del caos, lo correcto es que estuviéramos todos, cual más, cual menos, con significativos indicadores de malura de cabeza, según la siempre exacta descripción de la gente de campo.

Trastornos varios, diferentes en causa y efecto, que son enmarcados, muy en general, como locura, lo opuesto a cordura, comportamientos, maneras de ver la realidad, formas de reaccionar tan extrañas e incomprensibles que es fácil atribuirlos a razones desconocidas, remotas y ajenas. Antes, los demonios o dioses, malas ondas en general,  pudieron  ser excelentes agentes potencialmente responsables y no tiene nada de raro que al principio hayan sido atacados a fondo para contrarrestar su perniciosa influencia, por diversos, ingeniosos y creativos procedimientos, con el concurso de  personal altamente calificado para los estándares de la época, calificado por lo inteligente, por lo oportuno, por lo convencido o por lo pillo, que de todo hay en la viña del Señor.

Esa situación duró muchísimo, de hecho todavía dura, pero con menos clientela. Todos hemos leído sobre esto en historias de la Edad Media, con magos multifacéticos, lo hemos presenciado en películas de Tarzán, con un brujo lleno de cascabeles, o  en horripilantes películas de exorcistas. Pero no todos tenemos claro como la psiquiatría y la psicología empieza a separar las aguas entre los trastornos temporales propios de un mundo un tanto enloquecido y las enfermedades mentales en ciernes,  que, como toda enfermedad, no suelen tener resultados felices.

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