Opinión

Eventuales riesgos para intolerantes

Por: Procopio | 13 de Junio 2018

El fanatismo y la intolerancia, que puede echar a perder las mejores iniciativas, un ejemplo puede ser un inalterable prócer de la creencia insumergible; el inefable y nunca bien ponderado Girólamo María Francesco Matteo Savonarola, Savonarola a secas, para hacer la historia más corta.

Nació en Ferrara, al norte de Italia, en 1452, faltaba cuarenta años para que nos descubrieran aquí en América, así que no tuvimos noticias. En su momento se hizo fraile domínico, esa orden que asociada a la Inquisición se conocería, como los dominicanes, los perros de Dios. Estaba en su salsa, se había propuesto reformar la iglesia, devolviéndole las marcas de pobreza, obediencia y castidad, virtudes que a esas alturas estaban bastante diluidas.

Hasta ahí estaba bien, lo malo fue que se le ocurrió personalizar el asunto e interpelar directamente al Papa, sin tomar debida cuenta que estaba frente a un Borgia, aprovechando la coyuntura de quedar como gobernador de Florencia cuando cayeron los Medici, ordenó quemar libros, prohibió cantar y bailar, requisó cosméticos, espejos, peines, ropas pecadoras, en fin, todo a la famosa hoguera de las vanidades.

Para rematar, acusó al papa de mentiroso, pecador e incestuoso, éste lo excomulgó, Savonarola, sin pestañear excomulgó al Papa, resumiendo, en corto plazo, el mismo Savonarola fue a parar a la hoguera, en medio del jolgorio de los desconocidos de siempre, a pesar que no andaba muy errado en el diagnóstico de su santidad, Alejandro VI.

Como se podría concluir, el fanatismo, el fundamentalismo, la rigidez para amarrarse a una idea o creencia no importa lo que suceda, logran hacer fracasar el necesario cambio, los extremos permiten hacer aceptable las reacciones extremas. A nuestro héroe le faltó sutileza

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