Opinión

¿Para qué sirven las 38 medallas de oro?

Chile terminó quinto en los Juegos Suramericanos de Cochabamba y estuvo muy cerca de igualar su mejor marca histórica. Hay muchas cosas que sacar en limpio de este apronte pensando en Tokio.

Por: Paulo Inostroza | 11 de Junio 2018
Fotografía: Cristóbal Martin | Mindep

Fue cosa de todos los días: “Oro para Chile” y por la tarde “nuevo oro en Cochabamba”. En el recuento final, otra vez terminamos quintos, pero queda la sensación de que no fue lo mismo de siempre. Parece que hay un trabajo serio, una generación que seguirá dando alegrías y, sobre todo, un trasfondo. Porque, sinceramente, ¿de qué le sirve a usted o a mí contar esas medallas?

Vamos por parte. Este año se estableció el llamado “Plan Tokio 2020”, pensando en 11 deportistas con tremenda proyección y también enorme presente. Para ellos, un aporte extra en lo económico –que tampoco es una cifra exagerada- y continuar una planificación que viene de hace rato. En ese grupo, aparecen nombres como las hermanas Abraham, Rodrigo Rojas, Arley Méndez o el golfista Joaquín Niemann, que hace poco asombró con su sexto lugar en el Memorial Tournament. Todos, con una semana cargada de preseas y aplausos.

Porque hay una generación brillante. El remo y la halterofilia, por ejemplo, viven un momento único. En los Juegos de Santiago 2014, por ejemplo, hubo cero oros en el remo. En Bolivia, cayeron ocho. En pesas, Méndez y María Fernanda Valdés fueron campeones, por paliza. El tenis luce a Nicolás Jarry (59 del mundo) y Tomás Barrios (oro en Cochabamba), dos buenas cartas, como hace tiempo no teníamos. Y en el agua, hay que sumar al canotaje y el esquí náutico, que aportaron seis y cinco medallas de oro, respectivamente.

A ellos se añaden nuestras chicas de pelota vasca, Natalia Bozzo y Magdalena Muñoz, de Chiguayante. También los muchachos del rugby y los del fútbol. Es cierto que Brasil fue con una delegación muchísimo más pequeña que de costumbre y Argentina prefirió llevar gente de proyección, en varios deportes. Como sea, Chile peleó hasta el final el tercer lugar, hombro a hombro, con los trasandinos y la poderosa Venezuela. El mejor puesto histórico de Chile es el tercero, hace ya 28 años. Estuvimos así de cerquita.

Pero el trasfondo va más allá de números y ubicación en la tabla. Chile es un país sedentario, donde los niños que vienen después de la generación “millenial” parecen condenados a mover solo los dedos y correr solo a través de una aplicación del celular. Y solo estos jóvenes y estos logros pueden salvarlos de una vida poco saludable y, sobre todo, de perderse tantas cosas lindas que abundan más allá de su tablet. Son ejemplos y por eso son importantes. Por eso merecen destacarse, por eso hay que invertir en ellos. Porque también es por los que vienen.

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