Opinión

Quien ríe último

Por: Diario Concepción | 08 de Junio 2018
Fotografía: Diario Concepción

jorge Condeza Neuber
@jorgecondezan

Lo de Ponce Lerou es la guinda de la torta del caso SQM. Definitivamente.

¿Valdrá la pena discutir si su nombramiento rompe el principio de buena fe, si está en juicio la fe pública, si los contratos autorizan todo esto o si Bitrán pecó de ingenuo frente a la empresa que compró a decenas de parlamentarios y digitó muchas leyes a su pinta? ¿O fue todo un tongo?
Nosotros queremos ser uno de esos países donde la gente se da la mano y el asunto del papel es un trámite menor, pero acá no solo existe la letra chica sino que nos reímos y cuestionamos a quien actúa de buena fe, e incluso reclamamos contra el ministro de fe sabiendo que es “la” fórmula para defendernos de tanto fresco y sinvergüenza que transita por aquí, porque no estamos ni cerca de eso tan bello escrito por Bello, de que los contratos deben ejecutarse de buena fe y por tanto no solo obliga a lo que en ellos se expresa, sino a todas las cosas que emanan de su naturaleza y que por tanto conocida la intención de los contratantes debe estarse a ella más que a lo literal de las palabras.

Seamos honestos, en Chile la buena fe prácticamente no existe y todo se remite a si la coma y el punto están bien puestos porque quien no pone todo en un contrato corre el riesgo de ser estafado, porque somos un país de especialistas en buscarle la quinta pata al gato y de jueces que compran teorías de interpretación de la ley olvidando tan importante principio.

Solo en el ámbito político hemos sufrido por años ver como parlamentarios vulneraban el principio de buena fe en el contrato que firmaron con el pueblo, ese de prometer o jurar cumplir las leyes, y descaradamente arrendaban sedes a parientes, contrataban como asesores a los amigos pagando informes truchos o viajaban con dineros fiscales de vacaciones y una larga y desagradable lista.

O lo que ocurre hoy con la ley del lobby, donde los registros de reuniones y citas son más secretas que antes. O las facturas falsas que algunos negocian posterior a una elección con el fin único de que el Estado devuelva más dinero. O la famosa “falta a la probidad” que se ha insertado en casi todas las leyes y donde los castigados por ella son contados con los dedos de una mano.

Y así Ponce sonríe del pataleo de Bitrán, quien reconoce no haber denunciado a tiempo tanta presión y apoyo a Ponce, sabiendo que SQM fue un corruptor transversal que construyó una potente red de protección. Y sigue sonriendo, a pesar de que el país entero entendió que el trato era que nunca más Ponce gestionaría SQM y ahora, como acto de magia, se convierte en un asesor con injerencia en la gestión estratégica. Todo muy bien planificado.

Y por eso sonríe Ponce porque con tiempo compró su protección para hacer lo que quiera y sabe que no hay estatura moral en el ejecutivo ni en el legislativo para impedir todo esto. Sonríe porque se entregó la oreja hace mucho rato.

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