Opinión

El tábano en el lomo de Atenas

Por: Procopio | 07 de Junio 2018

Mala cosa es tener que recordar algunos valores básicos cuando una sociedad da muestras de su deterioro, que empiecen a abundar evidencias de olvido o, peor aún, de indiferencia en cuanto al respeto a esas formas de comportamiento asociados a la moral; la honestidad, la elemental decencia, por ejemplo.

Sin entrar en mayores profundidades, es posible pensar que los valores se formaron a base de conveniencias para la vida en sociedad. Si vamos a vivir juntos y en paz, sería altamente recomendable no nos robemos los unos a los otros, no mentirnos, no traicionarnos, aprender a prestarnos mutuo auxilio, entre otras recomendables advertencias y resguardos, después podemos ponerle nombre a esas costumbres; probidad, compasión, empatía, para empezar por algo.

Por eso, no es bueno que la sociedad pierda valores, o que estos empiecen a adquirir características de relatividad, de aplicación condicionada a las circunstancias del momento. No es la primera vez que una sociedad que evoluciona, tenga que ser sacudida porque en el camino va dejando atrás, olvidando convenientemente algunas formas de comportamiento. En Atenas, por ejemplo, con la llegada de los sofistas y la demagogia, los valores sufrieron un ataque de dudas.

Providencialmente, allí reside Sócrates, de vida austera y de principios inconmovibles, su argumentación, la forma de ayudar a sus discípulos a encontrar la verdad, representan una llamada de atención al curso peligroso que estaban tomando las cosas, cuando todas quedan libradas a la medida del hombre, que, como se puede entender, puede medir como le conviene.

Le costó la vida ser consecuente, siendo, como él se describió, el tábano en el lomo de Atenas. Por eso, debe ser que suele haber una notable escasez de voluntarios para poner las cosas en su lugar.

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