Opinión

A no olvidar las señales del olfato

Por: Procopio | 01 de Junio 2018

El olfato es un sentido modesto, se le relega a un segundo plano en cuanto a percibir la realidad, oficio en el cual la inteligencia quiere tener un papel decisivo y reclama para sí la pars leonis. Sin embargo, se olvida con demasiada frecuencia, que es posible reconocer mediante el olfato nuestra cercanía con las experiencias más básicas y primitivas. Es cosa de pensar en lo cotidiano como, por ejemplo, los recuerdos, rápidamente evocados con el olor a tierra recién mojada, el olor de los cuadernos nuevos. Cada uno de nosotros tiene asociaciones muy fuertes, agradables o lo contrario, con determinados aromas. Lo cual no es nada de sorprendente sí se sabe que el olfato es el sentido más intenso y antiguo- en nuestra especie y en otras con las cuales no nos gusta identificarnos- y que tiene conexiones de primera línea nada menos que con la memoria, el sexo y la supervivencia.

La neuro-ciencia estima que tenemos 10 millones de neuronas dedicadas a este sentido, divididas en 347 tipos, cada tipo detecta un olor diferente, y de la mezcla de esos resultan todos los aromas que percibimos. En comparación, la vista resulta relativamente infradotada, ya que la riqueza de los colores resulta de la combinación de sólo tres tipos de neuronas sensoriales, denominadas conos, para el rojo, verde y azul. Aun así, con esas limitaciones, hacemos maravillas, toda vez que el olfato ha venido perdiendo importancia para sobrevivir en nuestra especie, reemplazado en su rol fundamental por la visión, la comunicación y la inteligencia, la cual pretende, con irrestricta soberbia, reemplazar a todo lo anterior.

Aun así, para ser consecuente, cuando algunas circunstancias no huelan bien es altamente recomendable tomar los resguardos que corresponda, Hamlet tenía toda la razón.

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