Opinión

Cuando hacer algo que valga la pena

Por: Procopio | 15 de Mayo 2018

De alguna parte tuvo que sacar Cervantes los personajes que pueblan el Quijote, un retrato tan rico del espíritu humano, que ha hecho olvidar la existencia siempre precaria y azarosa del autor, al que ni el fulgurante éxito de su obra cumbre fue suficiente para sacarlo de su condición de pobre crónico.

Cuarto hijo de un matrimonio culto, pero viviendo a palos con el águila, vivió una infancia marcada por los acuciantes problemas económicos de su familia, que en 1551 se trasladó a Valladolid, a la sazón sede de la corte, en busca de mejor fortuna, consiguió algo de estudios, probablemente, en un colegio de jesuitas.

En 1569 salió de España, se estima que a causa de algún problema con la justicia y se enroló en el ejército, dos años más tarde, participa en el célebre combate naval de Lepanto, donde un tiro de arcabuz le dejó sin funciones la mano izquierda. Después de varios años trata de regresar a casa, pero el navío en el cual viajaba fue abordado por piratas turcos en 1575, allí lo apresaron y vendieron como esclavo, en Argel, donde permaneció por cinco años, hasta que su familia pudo pagar el rescate.

Ya en España consiguió un trabajo como recaudador de impuestos, que lo puso en contacto con toda clase de personas, como las que aparecen en su novela, lamentablemente, quebró el banquero a quien había entregado importantes sumas y Cervantes dio con sus huesos en prisión, esta vez en la de Sevilla, donde permaneció cinco meses. En esta época de extrema carencia comenzó probablemente la redacción de Don Quijote de la Mancha, escrita en los últimos años de su vida.

No vamos a decir que cualquiera de la tercera edad puede escribir el Quijote, pero sí se puede hacer algo sin echarse a morir, como habría sido natural para el sufrido de Don Miguel.

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