Opinión

Requisitos para encabezar el desfile

Por: Procopio | 13 de Mayo 2018

No es posible que nos quedemos así, tan campantes, cuando una autoridad, un servicio, un organismo, parece estarse llevando los bienes de los chilenos para la casa, tampoco es bueno acostumbrarnos a pensar que hay una cierta normalidad morbosa en esto de andar por allí lanzando mentiras a diestro y siniestro con la cara llena de risa, que da lo mismo dejar de  ser decente, con tal que no se note demasiado

Es un indicador a lo menos preocupante que la desconfianza y el escepticismo en el accionar de los actores públicos se instale en una sociedad con tanta holgura que llegue a ser una suerte de resignada definición, una característica más entre un amplio repertorio de cosas que andan mal, que no tienen visos de cambiar de trayectoria y de ese modo transformarse en uno más de numerosos estereotipos negativos que pretenden identificar a la sociedad en cuestión.

Cuando los signos de esa situación se hacen evidentes, cuando se empieza a identificar a la sociedad como escéptica, desconfiada, sin otra reflexión, frente a los mensajes o el accionar de las autoridades, ella  misma tiene la obligación de reaccionar decisivamente, antes que  las cosas pasen a mayores, es decir, dar por sentado que las autoridades no son creíbles, que no son confiables, no como una situación transitoria, sino como una realidad permanente. Si aspiramos a ser una sociedad sana, tenemos que tener mejor destino que ese.

No debería ser necesario ir a marchas con banderas negras, para pedir que las buenas costumbres imperen en el país, más bien debería exigirse que en esto de la transparencia no debiera haber excepciones, salvo aquella de la intimidad de cada persona. El resto, a poner las cartas sobre la mesa  o cambiar de rubro, ser en consecuencia, clandestino.

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