Opinión

La hora de reparto de sinecurías

Por: Diario Concepción | 08 de Mayo 2018

Tal parece que la nueva Constitución, ofrecida en su momento como la solución universal a todos los asuntos pendientes, está en la fase que debe ser previa a cambios de esa envergadura, un período que contempla una reflexión madura y una cultura política que permita saber qué es finalmente la Constitución y de qué puede efectivamente hacerse cargo.

Mientras se piensa, ojalá con calma que sucede con la actual Constitución, hay que recordar que en ésta ya hay muy explícitas indicaciones con respecto a probidad y decencia, y a buenas prácticas. Ante la abundancia de métodos para pasar por el lado, es imposible llegar a describir cada una de las malas maniobras empleadas, hay, por tanto, particularidades no mencionadas.

Todos esos asuntos no mencionados están en consecuencia bajo el permeable manto de la ética, manto tan flexible como la consciencia de quien lo usa. Así ha sido posible observar increíbles maniobras de corrupción y malas prácticas, efectuadas por gente inocente hasta que los pillaron, para sorpresa de los ciudadanos crédulos, que aún quedan.

Si se está en sugerir modificaciones a la Constitución, habrá que ser harto más específico para combatir frontalmente el desenfadado nepotismo reinante en la administración del Estado y en las instituciones públicas, a todo nivel, un transparente manual de público conocimiento de quién puede estar y quién no, de incompatibilidades que deben respetarse para garantizar la equidad de los procesos y procedimientos.

No es solamente otorgar una pega estupenda, de poca preocupación y de alta rentabilidad, sino que así se compra lealtades con el precio de dejar asuntos serios en manos no siempre competentes, en el fondo, no es Constitución, sino simple sentido de lo que está bien, lo que hace falta.

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