Opinión

De jarabes y charlatanes

Por: Diario Concepción | 04 de Abril 2018
Fotografía: Diario Concepción

Andrés Cruz Carrasco
Abogado, magíster Filosofía Moral

Sigue aún aquí el hombre que sobre una carreta vociferaba, prometiendo la solución de todos los males por la compra de una pócima o jarabe, a un valor insignificante si se consideraban todos sus beneficios. Es el mismo charlatán que ha ido adaptándose y que aparece hoy enfundado en un elegante traje, con un costoso reloj y complejos aparatos de marketing.

El que hace creer lo que no es, para que otros paguen por esa receta mágica que podrá poner fin a todas las cuitas y contrariedades, cualquier precio o endeudándose de ser necesario mediante la contratación de créditos que les ofrecen los mismos troleros.

Hasta se entrenarán para que la mendacidad sea más creíble y no faltarán quienes hablarán de “posverdad”, adosándole a lo que siempre ha sido simplemente una mentira un giro lingüístico que no hace más que revestirla de cierta efectividad, aunque se trate del disparate más evidente, sin asumir que desde siempre, toda buena mentira para ser creíble ha debido tener algo de verdad y valerse de todos los prejuicios y emociones de los destinatarios para hacerse más aceptable.

No falta incluso el farsante que de tanto mentir llega a perder conciencia de su embuste, creyéndola él, como si su existencia no mereciera ninguna duda. No se trata de vivir sumido en la desconfianza más trágica ni en el ostracismo para evitar ser engañado, pero hay que estar alertas, ya que muchas de las verdades que se dan por ciertas no son más que “una tropa de metáforas, metonimias y antropomorfismos en movimiento, una suma de relaciones humanas que han sido realzadas, extrapoladas y adornadas poéticamente y que después de un prolongado uso, el pueblo llega a considerar verdades firmes y vinculantes, cuando las verdades son ilusiones de las que ya no recuerdan que lo son” decía Nietzsche.

El esfuerzo que desarrollará el mentiroso será para no ser descubierto. Que el honesto esté a la zaga y mientras más ingenuo e ignorante sea, más poder podrá tener sobre él. La gran ventaja del mentiroso radica en las personas a las que miente, que por incultos y despreocupados les hacen la tarea más fácil a los charlatanes. Pueden incluso abalanzarse sobre los timadores para adquirir el elixir que se le ofrece.

Hasta podemos llegar al absurdo, que aun sabiendo el contenido falaz que se nos hace llegar, simplemente porque nos sirve para afianzar un prejuicio o estereotipo, decidimos creer en la mentira. Mentimos y aceptamos que nos mientan en los más diversos ámbitos, domesticando a nuestros hijos para que hagan lo mismo, dándoles de beber del mismo jarabe, que con una hipócrita sonrisa, nos entregó el hombre sobre la carreta.

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