Opinión

Inadmisibles costos de la belleza

Por: Procopio | 03 de Marzo 2018

Puestos en el modo de la igualdad de género, resulta grato y alentador, citar a personas del género femenino dignas de los mayores elogios y reconocer, con sincera vergüenza ajena, que muchas de sus actuaciones en beneficio de la humanidad han sido injustamente ignoradas, cuando habrían podido servir de ejemplo para los varones, sobre todos a aquellos famosos por sus actos nefandos o  por su soberbia intolerable, sino fuera porque paralelamente se apoyaran en abundantes recursos de poder y fuerza.

Sin embargo, a la hora de registrar acciones extraordinarias, se encuentra que en esto de las brutalidades varias, nuestra especie no hace distingos de naturaleza alguna, menos en lo que respecta a ser hombres o mujeres los encargados de dar la nota alta, en estos caso, la nota más baja.

Para muestra de este lamentable descubrimiento, se puede aludir a la condesa Bárthory, una verdadera artista de las barbaridades. Nacida en 1560, esta aristócrata húngara fue bautizada como  Erzeber, algo así como Elizabeth, quien pasó a la posteridad por dos motivos; su extraordinaria belleza y su crueldad extrema que la llevó a asesinar a centenares de jóvenes.

Una historia de terror, que empezó a ir de mal en peor con motivo de la muerte de su marido,  enloquecida, a  partir de ese duelo perdió cualquier semejanza con un ser  humano. Tenía para entonces, algo  así como cuarenta y cuatro años. Al empezar a perder lozanía, concibió la peregrina idea de que mediante frecuentes baños con sangre de gente joven podría recuperar su belleza en vías de extinción. Descubierta fue encerrada, emparedada en subterráneo y condenada  a morir de hambre.

Episodio lamentable  que pudo haberse evitado con aplicaciones regulares de crema humectante.

 

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