Opinión

Economía compasiva

Por: Diario Concepción | 03 de Marzo 2018
Fotografía: Diario Concepción

Por: Jorge Porter Taschkewitz
Ingeniero Comercial UdeC

El informe Estudios Económicos de la OECD: “Chile 2018, impulsar la productividad y la calidad del empleo” (26/2/2018), nos hace ciertas recomendaciones para, según ellos, tener un crecimiento económico sustentable, mejorar la productividad y las exportaciones, y mejorar la calidad de los trabajos así como aumentar el trabajo para mujeres y jóvenes.

El Banco Central nos muestra que somos la cuarta región en  aportar al Producto Interno Bruto (PIB) nacional. Primera, la Región Metropolitana con el 46,5% y subiendo; segunda, Antofagasta con el 9,5% y subiendo con el mayor precio del cobre; tercera, Valparaíso con el 9,2% y luego nosotros con el 8,2%.   Qué lejos estamos del 12 o 14% que tuvimos años atrás.

En diagnósticos y medidas a tomar somos “mandados a hacer”, tenemos listados completos, a los que falta darles prioridad para su implementación, que es en lo que siempre fallamos.  Nos damos vueltas y vueltas con la colaboración desesperante de la burocracia chilensis.  Y cuando decidimos, varias veces más de lo razonable, lo hacemos en la dirección equivocada. En el país hay muchos grupos de presión y hay mal uso de recursos públicos provocados por paros, marchas, violencia, descalificaciones y otros.

Es un signo también que la autoridad no ha diagnosticado bien para implementar las políticas públicas como debiera hacerlo.

Debemos darle más sentido y dirección a lo que hacemos.  Todos tenemos diversos tipos de necesidades, las cuales van desde lo básico fisiológico hasta la autorrealización entendida como la consecución satisfactoria de las aspiraciones personales por medios propios.    Otros creen que pueden vivir permanentemente del Estado.

Abraham Maslow planteó en 1943,  lo que denominó jerarquía de las necesidades humanas.

Todos estamos en los distintos cinco lugares de esta escala de necesidades, desde lo básico y fisiológico (1) como comer, por ejemplo; luego tener la certeza (2) que tendremos de comer los días siguientes; luego sentirnos parte (3) de ciertos grupos; en seguida el ser reconocido (4) por pares y terceros; hasta llegar a la autorrealización (5) ya señalada.

Las cuatro primeras necesidades son conocidas como  “necesidades de déficit”.

Ahora, dependiendo del escalón en que cada uno esté, el comportamiento humano es distinto, ya que las urgencias y sus efectos nos afectan de diferente forma, no es lo mismo estar desesperado por comer que anhelar tener acceso a educación superior gratuita. Es aquí donde se aprecia la diferencia  en lo empático o no que somos.

Aún hay muchas personas que están en el nivel de las necesidades básicas y no pueden salir de éste sin ayuda, ahí debemos priorizar.

Desde hace años hemos trastocado las prioridades, se ha destinado ingentes recursos a quienes se encuentran en los niveles 3 y 4 pero dejando con tantos o más problemas a aquellos chilenos que están en los niveles 1 y 2.

Es lo típico del tráfico de influencias que se debe terminar y enderezar las prioridades.

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