Opinión

Una palabra de épocas pasadas

Por: Procopio | 07 de Febrero 2018

Hay indicios, a veces tenues, para notar como los cambios no siempre son para bien, a pesar de la fuerza apelativa del reclamo por “no más de mismo”, como una bandera de lucha que puede conducirnos por mejores caminos.

Sin embargo, hay palabras que ahora han perdido lustre, cuando debieron haber mantenido su sentido original. “Nobleza”, por ejemplo, actualmente para  usarla es necesario tomar algunos resguardos, ya que es difícil pronunciarla sin abrir espacio a la ironía o a la incredulidad.

En consecuencia, suele emitirse con el agregado del “pero”,  “el proyecto de recuperar el bosque era noble, pero…”. Una expresión que ha llegado a sugerir una manera de pensar poco realista, ingenua, por no decir tonta.

Un experimento noble, normalmente  falla, un propósito noble no resulta por causas prácticas, una noble profesión no da rentabilidad, un noble salvaje no se encuentra por lado alguno. La nobleza, por ello, aparece ser un término propio de épocas pasadas, de tiempos añejos.

Parte de ese aparente anacronismo es debido a la mezcla del concepto de nobleza con un estrato alto de la sociedad, cuando en realidad ambas situaciones, la virtud y la condición socioeconómica, no caminan usualmente en la misma dirección, o no necesariamente, como fue en tiempos de la antigua Roma, donde la nobleza, como en otras épocas, obligaba. En los tiempos que corren, más cercanos a la materia que al espíritu, nobleza  es una condición sospechosa que más vale la pena mirar más de cerca, antes de darla por auténtica, ya que puede estar en los sitios menos pensados.

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