Opinión

Lamentable olvido de una buena mujer

Por: Procopio | 09 de Enero 2018

María de Cazalla era de profundo sentido religioso, se sentía conminada a predicar para salvar a tanto descreído que estaba a un paso de perder el alma, lo malo era que nuestra buena María olvidó que la Inquisición andaba por esos lados con los renovados bríos del siglo XVI, mala cosa, porque una actividad como ésa, para los cerúleos y cetrinos domínicos a cargo, era a lo menos sospechosa y más que posiblemente, netamente sacrílega.

María fue interrogada, buscando su confesión de hechos nefandos, primero una sesión de tracción de todas las articulaciones, en el potro, seguida por ahogamiento, con baldes de agua sobre la boca para sofocarla, a cada rato se le ofrecía perdón si confesaba sus herejías. No confesó jamás, pero fue condenada igual, aunque como no pudieron quemarla, ya que la acusada se mantuvo en sus trece, sin salirse del libreto y probando sin descanso que todo lo que había dicho era citando a los santos libros, le dieron una tremenda penitencia; ir descalza y con un sayo burdo hacia la iglesia, en medio de toda una multitud burlona y agresiva, con una vela en cada mano y escuchar de rodillas sobre las piedras toda una misa interminable.

A ella y toda su familia se les prohibió tener cargos públicos, o aspirar a nobleza de ningún tipo, por tres generaciones, una auténtica muerte civil, ya que todos los amigos y conocidos se apresuraron en desaparecer para no aparecer como sospechosos.

Aun así hubo suerte, en tiempos anteriores, la muerte civil habría sido reemplazada por la muerte en la hoguera, harto más espectacular y convincente. Parece cuento antiguo, pero hay lugares donde dictadores variopintos mantienen sus propias inquisiciones con métodos parecidos, única manera de tener a sus sufridos rebaños quietos en su corral.

PROCOPIO

Etiquetas