Opinión

Modos de escapar de la realidad

Por: Procopio | 06 de Enero 2018

Algunos dioses rencorosos no perdonaron jamás el papel de Ulises en la derrota de Troya, el regreso a Ítaca, la patria de nuestro héroe, estuvo lleno de incidentes, a cual más letal, más inoportunas y feroces tormentas, tras una de ellas, con la nave maltrecha, Ulises y sus hombres llegan a una isla desconocida.

Una vez en la orilla, Ulises envía un pequeño grupo para que se adentre en aquel territorio y se informe sobre las gentes que lo habitan. El grupo entra en contacto con los indígenas del lugar. Se les trata con una amabilidad exquisita, se los agasaja, se los invita a un banquete con el plato preferido de aquella tierra: el loto, delicada planta.

Los lotófagos, los comedores de loto, no eran un pueblo hostil. Pero el problema era otro: los hombres, al participar de su banquete, al comer su planta, se olvidan de todo, pierden la memoria, se desentienden de su vida pasada. Cuando los emisarios regresan a la orilla, en donde los esperaba Ulises, se niegan a partir, sin poder explicarse. Su único deseo era permanecer allí, en aquella tierra, comiendo loto, sin preocuparse de sus familias que, desde hacía tanto tiempo, no tenían de ellos noticias.

Aquello aterroriza al resto de los griegos, toda la lucha del grupo contra las sucesivas adversidades se basa, justamente, en mantener vivo el deseo de volver a Ítaca, su patria, pese a tantas y duras peripecias experimentadas. Así que Ulises obliga a subir a las naves a los que, por comer el loto, se habían olvidado de quienes eran y zarpa, presuroso, dejando atrás aquella extraña tierra de olvido.

Hay ahora otros frutos del loto, con igual o peor capacidad de sacar a la gente de la realidad, con el agravante que no siempre hay Ulises para volverlos a bordo.

 

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