Opinión

La antigüedad de los pobres diablos

Por: Procopio | 05 de Enero 2018

Aunque todavía se insiste en que anda por allí, hay, en general, una tendencia decreciente de creyentes en el diablo, en alguna de sus numerosas caracterizaciones, Satán, Belcebú, Luzbel, Demonio, a quien el campesinado chileno le otorga cierta familiaridad, con algo de respeto residual, bajo el tratamiento, ambiguamente peyorativo, de Don Sata.

Sin embargo, por largo tiempo, buena parte de la humanidad creyó en la existencia de demonios, los cuales invadían buena parte de la vida cotidiana y se les encontraba en los lugares menos plausibles. Había, para decirlo de alguna manera más clara, diablos para todos, como era de esperar de diversas jerarquías diablescas.

Las crónicas del siglo XVI, mencionan legiones de diablos inferiores, con potencial maléfico limitado, los cuales recibían el apelativo burlón de “pobres diablos”. En las fiestas religiosas que celebraban los pueblos, con su santo favorito, era del mejor tono hacer aparecer a numerosos pobres diablos, jóvenes de la localidad que se disfrazaban vestidos de rojo, con cuernos y todo quienes bailaban alrededor del santo, en los atrios de las iglesias o en la calle y amenazaban a los pobladores con unos tridentes de utilería.

La muchedumbre les insultaba, les arrojaba agua sucia como si fuera agua bendita y amenazaba ensartarlos con sus propios tridentes, en medio de general jolgorio. Esta parodias gozaban de enorme popularidad hasta que llegó el aguafiestas de Lutero, quien las prohibió, de ellas nos queda solamente la denominación de pobres diablos, que describe ahora a nuestros semejantes más desfavorecidos, faltos de todo, sin cariño ni techo, a veces desprovistos de entendederas  y otros, que aún muy favorecidos, teniendo de todo, siguen siendo unos pobres diablos.

 

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