Opinión

Teatro Regional, nuestro Guggenheim

Por: Diario Concepción | 10 de Octubre 2017
Fotografía: Isidoro Valenzuela M.

Por Eric Forcael Durán
Ingeniero Civil, MBA, PhD
Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental
Universidad del Bío-Bío

Corrían los años 80 y el País Vasco vivía una de las peores crisis de su historia, con una obsoleta industria pesada y el cierre de importantes astilleros en Bilbao. No es fácil dimensionar lo complejo que tuvo que haber sido para las autoridades de la época, plantear a la comunidad un proceso de reconversión que se abriera a otras industrias, como las creativas y las de servicio. Más difícil aún si dicho cambio debía hacerse desde la ciudad.

Es así como a inicios de los 90, comenzaron las primeras negociaciones para construir nada más y nada menos que un museo, sí, el Guggenheim, el que en medio de la crisis costaría alrededor de US$100 millones. Las críticas y protestas no se hicieron esperar; ¿por qué no invertir mejor en nuestra industria tradicional?, pregunta que recogía el sentir vasco.

Lo que aún no se percibía, era que el museo de titanio de Gehry era sólo parte de una visión mucho mayor; transformar a Bilbao en una de las ciudades más encantadoras del mundo. A través de un muy bien pensado proceso de renovación urbana, el emblemático museo fue complementado con la recuperación de la Ría de Bilbao, además de una moderna red de metro, cuyo diseño urbano le valió un prestigioso galardón de la Universidad de Harvard, al connotado arquitecto Norman Foster. Áreas verdes y paseos completaban el cuadro.

Para un país en vías de desarrollo como el nuestro, la inversión de US$30 millones en el Teatro Regional del Bío Bío podría corresponder, por qué no, a nuestro Guggenheim, aunque al igual que en el caso de Bilbao, como parte de una visión urbanística mayor. Volcar la mirada a nuestro histórico río, acercando la función pública a su ribera a través de los Servicios ubicados en el barrio cívico, acompañado con obras tales como la Avenida Nueva Costanera, el Parque Bicentenario, o el próximo soterramiento de la vía férrea, hablan del mismo sueño de Bilbao.

Lo anterior, potenciado con la siempre necesaria inversión privada, a través de importantes hoteles (algunos de ellos ubicados hoy a pocas cuadras del Teatro), y la potencial restructuración del Barrio Estación, migrando a una red de restaurantes gourmet. Sumémosle a esto nuestra añorada red de metro, cuyo trazado conectaría el Biotrén con el centro urbano, pasando por la Universidad de Concepción, hasta llegar a la Universidad del Bío-Bío.

En este sentido, pensemos por ejemplo en un académico extranjero, participando en algún congreso o conferencia internacional en la Universidad del Bío- Bío. Éste podría perfectamente tomar el metro desde esta Casa de Estudios Superiores, visitar luego la Universidad de Concepción, continuar su viaje hasta la Costanera, caminar por el Parque Bicentenario, y dirigirse posteriormente a disfrutar de una buena obra en nuestro teatro. Termina el periplo cenando en los alrededores y pernoctando en un buen hotel.

Hoy en día, los visitantes del Guggenheim gastan alrededor de $450 millones de euros al año, beneficiando al sector hotelero, al comercio, a las actividades recreativas y culturales, y por cierto al transporte. Pero no sólo estas industrias se han visto beneficiadas. El atractivo entorno generado en Bilbao, ha facilitado la recuperación de parte de su industria naval, siendo además asiento de algunas de las empresas más importantes del mundo, como Iberdrola y BBVA. Concepción, ¡es nuestro turno!, de la mano de nuestro emblemático teatro y las inversiones públicas y privadas en su entorno; las de hoy y las que están por venir.

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