Opinión

Capítulos no escritos sobre el plebiscito y la transición

Por: Diario Concepción | 08 de Octubre 2017

Gloria de La Fuente
Convoca Chile-Fundacion Democracia y Desarrollo

Se cumplieron 29 años desde esa gesta heroica que significó para nuestra democracia el plebiscito de 1988. Venciendo el temor y la barbarie que significó la dictadura, millones de chilenos fueron a las urnas para, en silencio pero con fuerza, finalmente hacer oír su voz.

Esta gesta tuvo dos elementos fundamentales que vale mirar para sacar lecciones, en función de las dinámicas y discusiones que se dan en nuestro sistema político hoy.

Lo primero, una sociedad civil comprometida. Fueron los partidos políticos en la clandestinidad, el movimiento estudiantil, el movimiento de mujeres, entre muchos otros, en Santiago y en regiones, los que articularon una fuerza democrática nacional que devolvió la esperanza y la confianza en que la democracia era posible.

Probablemente en nuestra historia habrá pocas gestas de esta magnitud, que convoquen tantas voluntades, y que reúnan tantos relatos de estos miles de actores anónimos que vale la pena contar una y otra vez.

Lo segundo, actores políticos con valentía y liderazgo para conducir un proceso en paz, que evitara seguir derramando sangre. Tal vez este es el elemento más polé- mico porque, en definitiva, la transición se realizó bajo las reglas que impuso la dictadura en la constitución de 1980, lo que significó –y significa– asumir “enclaves” que han entrabado nuestra democracia.

Durante años hubo que soportar a Pinochet en la comandancia en jefe del Ejército, y una democracia que garantizaba a sus cómplices una posición privilegiada en distintos espacios de poder. Nos demoramos años en que estos sectores reconocieran la verdad de los detenidos desaparecidos, ejecutados políticos y torturados, y otros tantos para que la justicia avanzara en los casos y sentencias por delitos de lesa humanidad.

Hace un par de semanas recordábamos cuán presente está la tragedia y las heridas del pasado, cuando se acusó injustamente al ex Presidente Lagos de ser cómplice de un “pacto de silencio”, por buscar la verdad sobre la prisión polí- tica y la tortura, y se reabrió la discusión sobre los “cómplices pasivos” de la dictadura, aquellos civiles colaboradores que hoy son actores públicos relevantes.

Habemos quienes otorgamos un significado épico a la derrota de Pinochet en 1988. Otros critican haber aceptado las reglas de la dictadura y las consecuencias que ello trajo para el sistema político. Parece fácil, sin embargo, a casi tres décadas de esta gesta, criticar sin entender el contexto político y social en que se dio, así como la valentía requirió enfrentarse al dictador.

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