Opinión

Desde el sur el mundo se ve diferente

Por: Diario Concepción | 03 de Octubre 2017
Fotografía: Cedida

Por: Dra. Erna Ulloa Castillo

Sin lugar a dudas que lo más llamativo en el discurso que entregó la presidenta Michelle Bachelet en la última reunión anual de la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU), fue el anuncio sobre la prohibición del uso de bolsas plásticas en las zonas costeras de nuestro país, pero ¿realmente eso es lo único que podemos extraer de sus palabras?, Creo que no.

En lo inmediato, en su discurso podemos encontrar anuncios y declaraciones en el ámbito del medio ambiente, retos globales en torno a la educación, e incluso mención a asuntos geopolíticos como son las actuales crisis de Corea del Norte y Venezuela. No obstante, las palabras de la mandataria reflejan algo más que esto, y en este sentido resulta oportuno volcar la mirada a qué es Chile en el coro de las Naciones Unidas.

El ministro Heraldo Muñoz declaró que “en materia de política exterior, Chile y la Presidenta vienen a la ONU con la tarea hecha”, claramente en alusión a los compromisos contraídos. ¿De qué le puede servir a nuestro país cumplir ante un enorme organismo que pareciera ser un centro de decisiones de unos pocos? Pues, la respuesta no está sólo en estos últimos cuatro años de gobierno, sino en lo que ha sido la propia historia chilena, cuando una pequeña delegación llegó a Nueva York para sumarse a los trabajos de reconstrucción de un mundo que estaba dañado física y emocionalmente tras la II Guerra Mundial, y donde no sólo Europa, sino también América Latina, necesitaban ayuda (recordemos cómo y porqué fue creada la CEPAL).

La participación de Chile en la ONU desde su incorporación en 1945, ha sido una plataforma para acrecentar la imagen país y la oportunidad de demostrar que se es una nación confiable. La Presidenta, en su discurso, hizo un reconocimiento a los orígenes de este organismo, indicando que así como en su momento se trataron temas apremiantes, hoy también hay temas urgentes. Y es aquí donde la voz de los que muchos podrían considerar un país que no tiene mayor papel en este escenario, debe mantenerse y hacerse presente con iniciativas y con un trabajo diplomático que honre a todos aquellos chilenos que colaboraron y creyeron que Chile tenía las capacidades necesarias para ser parte de algo mayor que quedarse anclado dentro de sus fronteras.

El llamado al multilateralismo, la reforma al Consejo de Seguridad, el cuidado de los Derechos Humanos e integración regional, han sido la materia prima de la agenda con la que se ha nutrido cada uno de los gobiernos de nuestro país, luego de la llamada “reinserción internacional” de los años noventa, en cada cita de la Asamblea General. Algunos de estos desafíos claramente no se han logrado, pero lo peor que puede suceder, es olvidarlos y rendirse en su cometido. Cuando se firmó la Carta de San Francisco, este acuerdo significó no sólo compartir los principios que guiarían a este organismo, sino que también asumir un compromiso con temas globales e históricos a los que no se les puede dar la espalada.

Definitivamente, en un mundo marcado por las desigualdades y falta de diálogos -en que pareciera ser que presenciamos una repetición de situaciones ya experimentadas en el pasado-, son los países que han controlado financiera y administrativamente Naciones Unidas desde su fundación, los que tienen la mayor responsabilidad de mejorar los errores y deficiencias que este organismo ha experimentado.

Pero también es cierto que nuestro país ha de asumir el papel que le corresponde y que tradicionalmente ha tenido a través de una participación activa. No hay otra alternativa que comprender y asumir la realidad: se trata de cooperar o perecer, más aún cuando desde el sur el mundo se ve diferente.

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