El Talento es Inclusivo

El talento es inclusivo: Gabriel “Panzer” Roa, ingeniero de Proyectos en Cadetech

Por: Silvanio Mariani | 16 de Septiembre 2018
Fotografía: Edgardo Mora G.

Gabriel Roa llegó a la cima del volcán Antuco, a casi 3 mil metros de altitud. Fue al Mundial de Brasil, se paseó por cuatro grandes ciudades, y vio la Roja jugar en tres capitales. Ha participado en carreras de 10 kilómetros y se alista para competir el próximo año en un medio maratón de 21 k. Y todo lo ha hecho sin abandonar su silla de ruedas.

Porque su condición física no es lo más importante. La espondilitis anquilosante, una forma crónica de artritis que afecta principalmente los huesos, articulaciones y columna vertebral, forjó su fuerza de voluntad. “Mucha gente que conoce a una persona con discapacidad, solo ve un sujeto de necesidades y no de potenciales”, deja en claro. Gabriel vive solo, recorre con su silla eléctrica los dos kilómetros desde su departamento hasta Cadetech, la empresa en que se desempeña como ingeniero de sistemas. Laboralmente usa la creatividad para dar soluciones rápidas a los clientes. En su casa, debe ingeniarse para tareas cotidianas y a la vez complejas, como ponerse los calcetines.

Subir a lo más alto del volcán partió en una noche de copas con los compañeros de trabajo. Trece meses después, en 2011, “la locura” inicial de los colegas montañistas se convirtió en un hecho que involucró a más de 100 personas, marcó un precedente en el ámbito regional, y fue un divisor de aguas en lo personal: “Justo antes de llegar a la cumbre, fue para mí un punto de inflexión de cómo enfrentar la vida. Al bajar ese cerro, era más fuerte que antes, y eso me permitió hacer todo lo que he hecho”.

Entonces se fue al Mundial y se llevó a su padre con él. Meses después, decidiría independizarse de su familia y para ello se compró su departamento. Luego vendría el entrenamiento para las corridas y otras metas más en lo personal y profesional.

Pero no siempre fue así. Después de egresar de la Universidad del Bío Bío como Ingeniero de Ejecución en Electrónica, a Gabriel no le aceptaron en ninguna empresa. Era 2004, y ese panorama, más la enfermedad que empeoraba, lo hizo caer en una fuerte depresión que lo dejó postrado por dos años. “Solo esperaba morir”, recuerda. Tras esfuerzos de familiares, amigos y ayuda psicológica, recobró fuerzas y regresó a la Teletón. Las cosas comenzaron a mejorar aún más cuando en 2008 se incorporó a Cadetech, una compañía penquista que presta servicios de ingeniería para clientes de varios países. Allí ha logrado desarrollar su potencial. “Trabajamos acá con el intelecto, y en ese plano yo no tengo ningún problema”, dice entre risas.

Su condición, sin embargo, requiere el consumo de medicamentos costosos, tanto para tratamiento de la enfermedad, que provoca rigidez en la columna y en las articulaciones, como también para minimizar los dolores, que con el tiempo merman al más férreo espíritu.

Por lo mismo, a sus 39 años, Gabriel celebra sus logros. Lo que muchos dan por sentado, para otros puede ser el resultado de años de esfuerzo. “Una experiencia que me marcó mucho fue ver a una niña que estaba aprendiendo a dibujar la letra A. Tenía unos 16 o 17 años, y todos disfrutaban ese momento. Para mucha gente puede ser sencillo; para esa niña era un logro gigante dibujar esa letra A. Eso me hizo clic; me di cuenta de que cada uno tiene sus propias metas”.

En la empresa dónde trabaja, lo llaman “Panzer”, en referencia al aspecto que asume en el invierno lluvioso, días en que utiliza una capa verde que cubre la silla de ruedas y le permite trasladarse desde su casa al trabajo. El “Panzer” se confiesa:

“Si me pregunta si estoy satisfecho con la vida que tengo ahora… Sí, muy satisfecho. Muy contento también. En lo profesional, familiar y personal. ¿Sabes por qué? Porque he hecho las cosas que he querido hacer”.

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