La emergencia por los incendios forestales que afectan a la Región del Biobío ha dejado en evidencia la magnitud de una catástrofe que aún está en desarrollo. Desde Concepción, el Presidente de la República, Gabriel Boric, advirtió que las cifras preliminares conocidas hasta ahora no reflejan completamente el impacto del fuego, tanto en viviendas como en víctimas fatales. “Tenemos un conteo preliminar, que es la cifra oficial hasta el momento, que es de 300 -viviendas-. Pero eso queda muy corto, de seguro van a ser más de mil”, señaló el Mandatario.
Lo mismo ocurre con el número de fallecidos. Actualmente se confirman más de 18 personas, aunque el propio Presidente reconoció que esa cifra aumentará. “Tenemos la certeza, desgraciadamente, de que ese número va a aumentar. Son momentos difíciles, en particular en Penco y sectores de Tomé”, expresó el Jefe de Estado, reflejando la gravedad del escenario que enfrenta la Región.
En este contexto, el despliegue de todos los recursos disponibles resulta fundamental para enfrentar la emergencia y resguardar a la población. Las autoridades han destacado el trabajo coordinado de brigadistas, Conaf, el sector privado y las Fuerzas Armadas, junto al uso de aviones y otros medios aéreos. “Tenemos desplegados todos los recursos disponibles para combatir los incendios”, afirmó el Presidente Boric.
Asimismo, la designación de la ministra de Agricultura y del subsecretario del Interior como enlaces permanentes para el Biobío busca fortalecer la comunicación directa con alcaldes y autoridades locales, facilitando la coordinación en un momento especialmente crítico.
Pero junto al combate del fuego y el despliegue para controlarlo, la situación vuelve a subrayar la importancia de la prevención. Evitar conductas de riesgo, respetar las indicaciones, denunciar acciones sospechosas y comprender la gravedad de estas emergencias son medidas clave para reducir sus consecuencias.
El llamado es claro y es que la prevención debe ser una tarea permanente y compartida, especialmente en una Región que ahora enfrenta las horas más duras de los últimos años.
La responsabilidad individual y colectiva, expresada en gestos de cuidado, denuncia o apoyo, se vuelve fundamental para enfrentar una emergencia de esta magnitud y para acompañar a quienes hoy han perdido viviendas, barrios y, en algunos casos, a sus seres queridos.