Economía y Negocios

Cambio climático y desplazamiento de especies: explican baja presencia del jurel en el Biobío

Por: Bruno Rozas Hinayado 03 de Junio 2026
Fotografía: Carolina Echagüe M.

La disminución en la disponibilidad del jurel observada durante los últimos meses en la Región del Biobío continúa generando preocupación en sectores vinculados a la actividad pesquera.

Mientras desde la investigación científica apuntan principalmente a cambios oceanográficos asociados al calentamiento global y a modificaciones en la distribución natural de la especie, representantes de la pesca artesanal llaman a analizar el fenómeno con cautela y advierten que existen factores productivos que también deben ser considerados en la discusión.

¿Qué pasa con el jurel?

La situación ha sido seguida de cerca por el Instituto de Investigación Pesquera (Inpesca) de Talcahuano, organismo que históricamente ha desarrollado gran parte de los estudios sobre uno de los recursos más emblemáticos de la pesca nacional.

El director del instituto, Aquiles Sepúlveda, explicó que los antecedentes recopilados durante la temporada estival muestran un comportamiento inusual de las condiciones oceanográficas frente a las costas chilenas, relacionadas a importantes olas de calor marinas provenientes del Océano Pacífico Central.

Según detalló, estos eventos no corresponden al fenómeno de El Niño propiamente tal, aunque presentan características similares y estarían relacionados con procesos asociados al calentamiento global que, de acuerdo con organismos internacionales, se estarían haciendo cada vez más frecuentes en distintos océanos del mundo.

Estas anomalías térmicas afectaron una extensa franja marítima que se extendió desde Perú hasta el sur de Chile, provocando que el jurel modificara temporalmente su distribución habitual y se desplazara hacia sectores con temperaturas más bajas.

Sepúlveda indicó que otro fenómeno relevante observado por los investigadores fue la llegada a la zona centro-sur de ejemplares juveniles provenientes del norte del país. A partir de febrero comenzaron a detectarse peces bajo la talla mínima legal, una situación que históricamente no había sido registrada con esa intensidad en la región.

El especialista explicó que el inicio de la temporada se desarrolló con relativa normalidad durante enero, pero que posteriormente comenzaron a disminuir los rendimientos de la flota.

Parte de esta situación, sostuvo, se relacionó con la presencia de ejemplares pequeños en las áreas de pesca, los cuales son evitados por las embarcaciones debido a los compromisos de sustentabilidad y buenas prácticas que se han impulsado durante años.

¿Influye la aparición de ballenas en esto?

En medio de las dificultades para encontrar jurel, una de las hipótesis que surgió entre trabajadores del mar apuntaba a una eventual incidencia del aumento de ballenas y cetáceos observados frente a las costas del Biobío. Sin embargo, desde el ámbito científico descartan que exista una relación directa.

“Yo diría que la presencia de ballenas no es tan importante”, afirmó Sepúlveda. El director de Inpesca explicó que tanto los cetáceos como el jurel comparten parte de la cadena alimenticia, basada principalmente en el denominado Krill de la Corriente de Humboldt, un pequeño crustáceo fundamental para numerosos organismos marinos.

Lejos de representar una amenaza para la especie, el aumento de ballenas podría interpretarse como una señal positiva respecto de la disponibilidad de alimento en el ecosistema marino.

“No están siendo una amenaza para el jurel. Yo no pensaría que hay un efecto negativo por el hecho de que estén los cetáceos. Creo que al contrario, si ha aumentado la población de cetáceos es porque hay también buena fuente de alimentos para ellos”, sostuvo.

Respecto de las perspectivas para los próximos meses, el investigador manifestó una visión moderadamente optimista. Desde el instituto esperan que el fenómeno observado corresponda principalmente a una redistribución temporal de la especie y no a una disminución significativa de su biomasa.

En ese contexto, señaló que el avance del invierno y los sistemas frontales podrían favorecer una nueva mezcla de las aguas, facilitando el regreso del recurso a sectores históricamente utilizados por la flota industrial del Biobío.
La conversación sobre el comportamiento de los recursos marinos también ha incluido a la jibia, cuya presencia ha aumentado durante los últimos meses en aguas de la región.

Sepúlveda explicó que hasta hace poco tiempo este recurso era escaso en la zona, pero que paulatinamente ha comenzado a acercarse desde áreas más septentrionales y oceánicas hacia la costa centro-sur. Esto ha permitido el desarrollo de capturas consideradas satisfactorias por parte de distintos actores del sector.

Sin embargo, el principal problema actualmente no estaría relacionado con la disponibilidad del recurso, sino con su valor comercial. El investigador indicó que las importantes capturas realizadas por Perú han incrementado la oferta internacional, generando una presión a la baja en los precios de mercado.

Mirada desde la pesca artesanal

No obstante, desde el mundo artesanal consideran que la discusión sobre el jurel requiere una mirada más amplia.
La presidenta de la Corporación Nacional de Mujeres de la Pesca Artesanal de Chile, Sara Garrido, coincidió en que las variaciones climáticas han influido en el comportamiento de la especie, aunque recordó que el recurso fue declarado en sobreexplotación hace algunos años y que la industria posee condiciones de operación distintas a las de los pescadores artesanales.

“La llamada crisis del jurel tiene, efectivamente, su origen en el cambio climático y la variación de la temperatura del agua. Sin embargo, hay antecedentes que creemos necesario plantear respecto a este tema”, afirmó.

La dirigenta explicó que mientras las grandes embarcaciones pueden desplazarse a lo largo de prácticamente todo el territorio marítimo nacional para buscar el recurso, los pescadores artesanales operan bajo autorizaciones regionalizadas y con límites geográficos mucho más acotados.

En ese contexto, Garrido manifestó sorpresa por el tratamiento público que ha recibido el tema durante las últimas semanas.

A juicio de la representante gremial, existe evidencia de capturas de jurel en determinados sectores de la región, por lo que considera prematuro instalar conclusiones definitivas sobre una eventual crisis sin contar con mayores estudios.

Asimismo, expresó preocupación por la coincidencia temporal entre el debate sobre el jurel y la discusión legislativa relacionada con la jibia. Según señaló, resulta inevitable que en algunos sectores exista inquietud respecto de la posibilidad de que las dificultades observadas en la pesquería del jurel terminen abriendo espacio para modificaciones regulatorias que beneficien a la industria en la captura de otros recursos.

Una visión similar respecto de los cambios observados en el océano comparte Juan “Lalo” Cifuentes, pescador artesanal de Caleta Tumbes, quien asegura que las transformaciones en el comportamiento del mar se han vuelto cada vez más evidentes para quienes desarrollan su actividad diariamente en la costa.

“Nosotros llevamos décadas viviendo del mar y cuando pasan cosas como las que estamos viendo con el jurel, las sentimos de inmediato”, comentó.

El pescador relató que durante este año la actividad ha estado marcada por condiciones diferentes a las habituales. Según explicó, las especies han mostrado patrones de distribución distintos y algunos recursos aparecen en zonas donde anteriormente eran poco frecuentes.

“Lo que explican los científicos respecto al aumento de la temperatura del océano tiene mucho sentido para quienes trabajamos diariamente en el mar”, afirmó.

Cifuentes considera que el cambio climático dejó de ser una amenaza futura para transformarse en una realidad concreta que afecta directamente la economía de cientos de familias costeras. A su juicio, comprender los cambios que experimentan los ecosistemas marinos resulta fundamental para la sustentabilidad de la actividad pesquera.

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