Empresa atribuyó la medida a bajos precios internacionales y altos costos de elaboración.
La decisión de Empresas Iansa de dejar de comprar remolacha para la temporada 2026-2027 y orientar la producción de su planta de San Carlos (Ñuble) al procesamiento de azúcar cruda importada encendió las alarmas en el mundo agrícola del Biobío y Ñuble.
La medida, comunicada por la compañía como una respuesta a las condiciones del mercado internacional y al aumento sostenido de los costos de producción, amenaza con cerrar un nuevo capítulo de incertidumbre para cientos de productores que durante décadas han sostenido una de las actividades agrícolas más emblemáticas del sur de Chile.
Aunque la empresa aseguró que la planta de San Carlos continuará operando, produciendo azúcar a partir de materia prima importada y manteniendo otras líneas industriales vinculadas a endulzantes líquidos y azúcares especiales, la noticia golpeó directamente a los productores de remolacha, quienes ven en esta decisión el debilitamiento de toda una cadena productiva construida a lo largo de generaciones.
La remolacha azucarera ha sido históricamente uno de los motores agrícolas del centro sur del país. En comunas rurales del Biobío y Ñuble, el cultivo no solo representa ingresos para los trabajadores del campo, sino también empleo para transportistas, operarios, empresas de servicios agrícolas y temporales.

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La preocupación se instaló en los gremios agrícolas. El presidente de Socabio, José Miguel Stegmeier, sostuvo que el escenario actual representa una de las crisis más severas que ha enfrentado el agro en décadas.
El dirigente atribuyó gran parte del problema al encarecimiento internacional de los insumos agrícolas y al aumento del petróleo, elementos que, a su juicio, han dejado a numerosos cultivos fuera de márgenes razonables de rentabilidad.
“En el caso particular de la remolacha, es lamentable porque llevamos casi 70 años sembrando remolacha en esta provincia”, señaló Stegmeier, quien además recordó que el cultivo tiene profundas raíces históricas en la Región del Biobío.
Según indicó, fue precisamente en esta zona donde comenzó la producción remolachera asociada a Iansa en Chile, por lo que la decisión tiene también un fuerte componente simbólico para las comunidades agrícolas.
El dirigente gremial explicó que, de acuerdo con lo transmitido por la empresa, el fuerte incremento de costos impediría ofrecer contratos que permitan sostener económicamente el cultivo.
Sin embargo, manifestó su esperanza de que la medida pueda revertirse en las próximas temporadas. En esa línea, comentó que representantes del sector ya sostuvieron reuniones con el Ministerio de Agricultura en Santiago y esperan abrir canales de diálogo con la actual administración de la empresa.

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Stegmeier también advirtió sobre el impacto económico territorial que podría producirse si desaparecen las cerca de 8 mil hectáreas ligadas a la producción remolachera en la macrozona.
A su juicio, la reducción afectaría directamente la economía rural de Ñuble y Biobío, especialmente en localidades donde el cultivo ha sido históricamente una fuente relevante de ingresos.
La dimensión del problema fue reforzada por el presidente de la Federación Nacional de Remolacheros, Jorge Guzmán Acuña, quien cifró entre 300 y 400 los agricultores potencialmente afectados entre Parral y Los Ángeles.
Según detalló, la superficie comprometida alcanza, aproximadamente, 8 mil hectáreas anuales.
Guzmán subrayó que la remolacha no constituye simplemente un cultivo adicional dentro de los predios agrícolas, sino una pieza fundamental para sostener otros sistemas de producción.
Explicó que la estabilidad contractual del cultivo, con precios conocidos y financiamiento asegurado, permitía dar respaldo económico a numerosas explotaciones agrícolas familiares y medianas.
Además, destacó el profundo arraigo histórico de la actividad en la zona. “La primera planta de azúcar en Chile nace en Los Ángeles y empieza a funcionar en 1954. Estamos hablando de 73 años de historia para este cultivo en la zona”, indicó.
El dirigente recordó que el cierre de antiguas plantas azucareras ya había provocado impactos importantes años atrás y advirtió que esta nueva decisión vuelve a golpear a toda la cadena productiva.
El seremi de Agricultura del Biobío, Francisco Lagos, reconoció el difícil escenario que enfrenta el sector y manifestó la preocupación del Gobierno ante el impacto que podría generar la medida.
“En Biobío tenemos, actualmente, 1.200 hectáreas -aproximadamente- de remolacha. En la Región son 50 productores -aproximadamente- y viene en un momento muy difícil para los agricultores”, sostuvo la autoridad.
Lagos explicó que el problema se produce en un contexto especialmente complejo para el agro, marcado por altos costos en combustibles, fertilizantes e insumos. Según indicó, esta situación termina reduciendo aún más las alternativas productivas para los agricultores de la zona.
El representante del Ministerio de Agricultura aseguró, además, que el Ejecutivo se mantiene trabajando con los productores mediante organismos técnicos y de apoyo como el INIA, buscando alternativas para enfrentar la contingencia.

Chilebio.
La autoridad agregó que actualmente se está levantando información técnica para evaluar el impacto definitivo de la decisión empresarial. Asimismo, precisó que la cosecha de la presente temporada se encuentra garantizada, aunque reconoció que existe expectativa respecto de una eventual reconsideración futura por parte de la compañía.
“Todos esperamos que esto se pueda revertir porque en su comunicado Iansa dice que va a continuar analizando el mercado para ver de qué manera en las próximas temporadas continúa con su decisión”, afirmó.
Desde el nivel central, el ministro de Agricultura, Jaime Campos, calificó la situación como “muy dolorosa”, recordando el peso histórico que llegó a tener la industria azucarera nacional.
El secretario de Estado recordó que la compañía alcanzó a operar cinco plantas a lo largo del país y trabajó con más de 60 mil hectáreas cultivadas, reflejando la magnitud que tuvo la remolacha dentro de la agricultura chilena.
El proceso industrial para obtener azúcar desde la remolacha comienza en los campos agrícolas, donde la raíz es cultivada durante varios meses antes de ser cosechada y trasladada en camiones hasta la planta procesadora.
Allí, las remolachas llegan cubiertas de tierra y residuos vegetales, por lo que primero pasan por extensos sistemas de lavado.
Posteriormente, las raíces son cortadas en finas tiras para facilitar la extracción del azúcar contenido en su interior. Estas láminas ingresan a grandes equipos industriales donde circula agua caliente. Mediante este procedimiento, el azúcar natural de la remolacha se disuelve y forma un jugo dulce que luego debe ser purificado.
El líquido obtenido contiene diversas impurezas vegetales y minerales, por lo que se somete a procesos químicos de limpieza utilizando cal y dióxido de carbono. Gracias a este tratamiento, las impurezas se separan y el jugo adquiere mayor pureza.
Más tarde, el líquido pasa por sistemas de evaporación donde se elimina gran parte del agua hasta obtener un jarabe concentrado. Cuando la concentración alcanza determinados niveles, comienzan a formarse los cristales de sacarosa.
Finalmente, mediante centrifugadoras, el azúcar sólido se separa de la melaza y luego se seca antes de ser envasado para su comercialización.