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“Nico” Domínguez: el único penquista dentro de Champions

Es kinesiólogo deportivo, hizo inferiores alguna vez en D. Concepción y hoy trabaja en el Sabah, de Azerbaiyán. Debutaron jugando en Old Trafford y ahora esperan por Barcelona y Arsenal. Una locura.

Por: Paulo Inostroza 21 de Septiembre 2026
Fotografía: Cedida
El Sabah, de Azerbaiyan, tiene solo 9 años de historia y una plantilla multicultural. En ella aparece el penquista Nicolás Domínguez, viviendo esta aventura en Champions, que partió con derrota en cancha del Manchester United, pero todo un camino por delante. Llegó el año pasado, desde el fútbol español y esta es su historia.

¿Cómo ha sido para un chileno trabajar en un país tan distinto?
Al principio uno llega con la incertidumbre típica de no saber bien qué esperar, pero Azerbaiyán ha sido una sorpresa muy grata. Es un país tremendamente amigable con el extranjero. El idioma sí es una barrera en el día a día. Aquí se habla azerbaiyano como primera lengua y el inglés no es tan común, aunque dentro del club prácticamente todo funciona en inglés. En lo profesional no hay problema.

Es un país mayoritariamente musulmán, entonces hay costumbres que a uno le llaman la atención al principio. Pero siendo respetuoso y empático se vive perfecto, no es un choque tan marcado como en otros países de la zona. Me vine con mi pareja y mi gato Lionel, así que armamos nuestra vida acá con harto apoyo del club, que se ha portado increíble.

¿Cómo viven el fútbol y esta Champions?

Acá el fútbol no tiene el nivel de pasión masiva que uno ve en Sudamérica o España, pero cuando le toca competir a un equipo a nivel internacional, se nota: los estadios se llenan cuando somos locales, van familias completas, se siente la ciudad.

Para el club, jugar Champions es un honor enorme. Competir contra los mejores equipos de Europa te posiciona a otro nivel. Acá el deporte tiene mucho respaldo del gobierno y que un equipo azerbaiyano se mantenga en competiciones europeas abre camino para que sea más fácil clasificar en los años siguientes. El año pasado fue el Qarabag, ahora nos toca a nosotros. A nivel personal, es una experiencia increíble: te permite conocer clubes de toda Europa.

¿Cómo fue el partido con Manchester y todo lo que lo rodeó?

Entrar a Old Trafford fue una sensación difícil de explicar. Es un estadio con el que uno creció viendo partidos de Premier, con toda la historia que carga, y de repente te toca estar ahí trabajando. La previa se vivió con mucha ilusión. Sabíamos que era un desafío grande, pero nunca perdimos la energía con la que veníamos. En lo profesional, el objetivo siempre es el mismo esté donde esté: que los jugadores lleguen lo más óptimos posible y tengamos las menores bajas. Pero no te voy a mentir, hay un componente emocional de estar en un escenario así que se disfruta muchísimo.

¿Qué esperan de cuando les toque jugar con Barcelona o Arsenal?

Son equipos soñados, de los que a cualquiera le gustaría tener enfrente aunque sepamos que va a ser difícil. Estamos hablando del campeón de España e Inglaterra. Lo tomamos como un desafío: dar lo mejor en cada partido y tratar de rescatar resultados positivos. De mi parte, la meta es que el equipo llegue en las mejores condiciones físicas posibles para competir de igual a igual el tiempo que se pueda.

De niño soñaste ser futbolista. ¿Cómo se vive todo esto desde otra función?

Sí, como cualquier niño en Chile, el sueño era ser futbolista. Jugué en las inferiores de D. Concepción, equipo del que mi padre ha sido hincha toda la vida. La vida te termina llevando por otro camino, pero agradecido de poder seguir disfrutando del fútbol ya que estoy ahí todos los días, metido en el trabajo diario del plantel, en el trabajo de gimnasio y de campo. Quizás no es el sueño tal cual lo imaginaba de chico, pero es una forma de estar en el fútbol de alto rendimiento que también me llena muchísimo y que me permite aportar.

¿Sigues la competencia chilena? ¿Qué tan lejos estamos hoy de Europa?

Sí, trato de seguir siempre al fútbol chileno, aunque la diferencia horaria juega en contra, son 7 horas más que en Chile. Creo que al fútbol chileno le está yendo bien y que estamos en proceso de volver a posicionarnos dentro de la élite, que es lo que todos esperamos.

En cuanto a la distancia con Europa, acá se nota mucho el profesionalismo integral: desde el cuerpo técnico hasta el utillero y los cocineros, todo apunta a que el jugador pueda dar el cien. Y como consecuencia el jugador respeta mucho su profesión y es un profesional de 10. Con esto no te quiero decir que el problema lo tengan los futbolistas chilenos, el problema es mucho más profundo, puede venir desde las divisiones inferiores, el sistema educativo relacionado en cómo se ve el deporte y cómo se desarrolla cuando eres niño. Por ahí podría ir la situación.

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