La fecha completa le jugó a favor a Deportes Concepción, que si ganaba dejaba de ser el colista. Todo lo que podía salir bien salió horrible: hasta Larrivey erró un penal, en el punto de quiebre de la derrota por 0-2 contra Everton.
De verdad, no hay caso. De las 12 fechas disputadas hasta el momento, este partido se lo hemos visto fácilmente 7 veces . El León busca, intenta, ni siquiera juega mal, pero no logra concretar. Y el rival, por otra parte, se genera un puñado de ocasiones y una es gol.
Ahora frente a los de Viña del Mar, los lilas no hacían un mal partido, pero los, a esta altura ya clásicos, errores en salida y en la falta de concreción volvieron a jugarle caro a los de Lemma.
Tristemente, como se dijo al principio, los locales estuvieron lejos de jugar mal. En los pies de Joaquín Larrivey tuvieron las dos más claras de todo el primer tiempo: al minuto 33, tras un pase magnífico de Aldrix Jara (probablemente el que más intentó en ofensiva) Kirkman tapó un mano a mano al capitán lila.
Tras cartón, la jugada en la que todo salió mal. El propio “Bati” no solamente erró un penal, contenido por el meta, sino que envió el rebote a Tegualda. Esperable de cualquiera, excepto de él. Hasta ahí, Deportes Concepción estaba en la pelea.
Pero ya no más. Los de Nonguén sintieron el golpe. Con el comienzo del segundo tiempo, Everton fue de menos a más hasta que un contraataque fue concretado de gran manera por Landaña, que ejecutó un penal en movimiento (incomprensiblemente entrando absolutamente solo al área) para abrir la cuenta.
De ahí en más, los locales no se volvieron a encontrar. Un error de la defensa al minuto 76 sentenció el partido a favor de los Ruleteros. Berríos recuperó el balón en la salida y el balón le llegó a Martínez, que solo la tuvo que empujar al segundo palo frente a Nicolás Araya.
El resto del partido, más de lo mismo. Desesperación, centros al área sin destino, un equipo sin ideas ni soluciones y, lo más preocupante, un Walter Lemma que solo mira en silencio desde la banca, con las manos en los bolsillos y sin saber cómo enderezar el rumbo.