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Conozca cuáles son los deportes más riesgosos

El deceso de dos boxeadores reavivó el debate sobre los deportes de contacto y qué tanto se ha avanzado protegiendo al peleador. Pero si usted cree que eso es arriesgado, sepa qué en el salto base muere uno de cada 60 exponentes.

Por: Paulo Inostroza | 05 de Agosto 2019
Fotografía: Carolina Echagüe M.

El 25 de julio, el argentino Hugo “Dinamita” Santillán, de 23 años, fue derivado al hospital tras los golpes sufridos a manos del uruguayo Eduardo Abreu. Entró en coma y, horas más tarde, murió de un traumatismo de cráneo. Esa misma semana, el ruso Maxim Dadashev, de 28 años, falleció en Maryland por una hemorragia cerebral. De inmediato, surgieron varias preguntas. ¿Ha cambiado el boxeo con los años? ¿Se protege realmente al peleador? Y también otras: ¿cuáles son los deportes más peligrosos que existen? y ¿por qué la gente busca esta experiencia?

Una lista elaborada el 2017, por los profesionales de Besthealthdegress, determinó que el boxeo ni siquiera está entre los 5 deportes más peligrosos del mundo. Es el sexto, con casi 10 muertes por año. Los deportes relacionados con el aire son los más riesgosos, comandados por el salto base, por lejos el con más probabilidades de perder la vida: de 60 que saltan, uno fallece. Los autos y motos también significarían un mayor riesgo que los deportes de contacto. En la Fórmula 1 han muerto 27 pilotos, desde 1950 a la fecha, y en el Dakar son 26, especialmente en motos. De todas formas, es una estadística decreciente porque la tecnología ha disminuido mucho los riesgos sobre ruedas.

Puños valientes

Juan Valderrama tiene 21 años y es el único boxeador profesional de la zona en 40 años. Su familia siempre lo apoya, al punto que de promotor tiene a su propio padre. “Harta gente me dice que tenga cuidado, que no me vaya a pasar algo en la cabeza, qué cómo me va a quedar la cara. Más allá de eso, siempre he sentido apoyo, sobre todo, de la gente mayor”, confiesa.

¿Siente el riesgo arriba del cuadrilátero? El crédito del club “JV”  señala que “este deporte es especial porque cualquier rival arriba del ring es peligroso y siempre está esa chispita de adrenalina, de peligro. Para mí, la mejor forma de cuidarse es estar bien entrenado y prepararse para una pelea. No hacerlo es ser irresponsable”.

En la década del 30″ murieron 213 boxeadores, en la del 50″ fueron 148 y desde los 70″ en adelante nunca fueron más de 100 por década. Las cifras han ido en baja. Valderrama cree que “actualmente se protege harto al boxeador. Antiguamente las peleas terminaban cuando el boxeador ya no se paraba más y hoy la idea es no llegar a eso. Han cambiado los guantes, de mejor material. Las federaciones tienen reglas que te cuidan más y los árbitros están más capacitados, la hidratación es mejor, el pesaje se hace con tiempo y ya no son 15 rounds, como antes”. De hecho, la regla cambió en 1982, tras la muerte del coreano Duk Koo Kim, que cayó en el round 14. Hoy el máximo es de 12.

Juan va constantemente a evaluarse porque hay lesiones que no se ven y es lo más peligroso del boxeo, la acumulación de golpes que producen lesiones internas y a futuro. “Después de las peleas siempre me reviso. Tengo un staff que trabaja conmigo, donde mi doctor que es Juan Yáñez, me revisa y así sufro pocas lesiones. Y si hay una, la recuperamos rápido. También me revisa un quiropráctico y un kinesiólogo en Go Clinic”, explicó.

¿Qué sintió al ver lo que pasó con “Dinamita”? El joven deportista expresó que “pensé en su familia y te da una pena grande. Ellos son los que sufren, aunque su papá salió hablando después en defensa del deporte, sin culpar al boxeo de lo que pasó y eso es notable porque, ojo, esto pasó después de la pelea. No solo te golpeas haciendo deporte, puede pasarle a cualquiera. Tampoco es que ahora me dé miedo. Sé que el árbitro o mi entrenador pararán una pelea si ven que no estoy apto para seguir. Eso lo hemos hablado y, si es así, yo le hago caso. Ellos velan por mi seguridad”.

Por último, agregó que “esto es un deporte. Uno no combate por odio al otro. Al contrario, es un compañero que se gana tu respeto y admiración porque se prepara igual o mejor que tú”.

Su entrenador, Marcelino Reyes, fue bronce en los Odesur del “86, junto a Carlos Cruzat, y cuenta que “pasan accidentes en el fútbol, en el boxeo y en cualquier otro deporte. Yo peleé casi 18 años, hoy tengo 59 y nunca he tenido problemas físicos ni secuelas. Estoy paradito. El boxeo es el arte de pegar y que no te peguen. Eso le aconsejo siempre a Juan. Le enseño a protegerse porque un golpe bien dado te puede destruir el mentón y mandarte al piso. Siempre las manos arriba porque esto es peligroso y si entiendes eso te cuidas mejor”.

Loco por el peligro

Pablo Reyes es un tipo reconocido en el mundo de las artes marciales mixtas. Tiene títulos y peleas importantes en el cuerpo y señala que “esto siempre es un riesgo, pero como deportista tratas de llevar ese riesgo al mínimo. Mi primera pelea fue a los 18, cuando era Todo Vale, y sentí miedo, mucho miedo. Ahora ya me siento más maduro y subo más confiado, más feliz. Mira, he ganado y perdido, he salido muy golpeado, pero nunca he tenido una fractura ni lesiones graves. Igual sé que un buen rodillazo te puede generar harto daño, desde una fractura hasta la muerte”.

Por eso mantiene ciertos cuidados. “De joven, nunca me chequeaba. Ahora sí. Trabajo con un equipo que hace eso. Yo estoy auspiciado por el gimnasio Plus, de San Pedro, que está equipado para revisarte de manera completa. En el club Fighter Ground, lo mismo, tienen vendaje profesional y todo se hace muy en serio”, advierte.

¿Cómo le picó el bichito por entrar a este mundo? Pablo recuerda que “partí a los 14 años. Era futbolista, pero en unas vacaciones conocí gente que practicaba kickboxing. Llegué a “Conce” y nos inscribimos como 15 en una academia. Con el tiempo salieron todos y quedé yo no más. En mi casa me decían que entrenara, pero sin competir. Al mes, peleé igual y salí todo golpeado. Sonará raro, pero más me gustó. Quería mejorar y en eso estoy”.

Sobre los peligros de la MMA, comparados con el boxeo, cree que “en la MMA nos subimos a una jaula, con guantes de menor onzaje, pero la fluidez de golpes es menos que en el boxeo. O sea, en boxeo hay mucho más golpe a la cabeza, con menos pausas. El boxeador está en constante golpe mano-cabeza y el riesgo de daño cerebral es mayor. La MMA es un arte mixta y eso te genera pausas donde hay variedad de golpes. Además, el boxeo son 12 rounds de 3 minutos. En MMA son solo 3 rounds de 5. El volumen de golpes es muy distinto. Yo voy a debutar ahora en boxeo y lo hago para ganar experiencia que me sume para incorporar al kickboxing”.

Sabe que muchos piensan que esto es una locura, pero “Ego” Reyes asegura que “me considero un atleta de riesgo, me gusta el peligro. Es como una adicción. He practicado skate, buceo, he nadado a mar abierto, salté en bungee y también escalé. Tenía miedo a las alturas y se me quitó tirándome de un barranco. La vida es súper corta, es un hilito que se corta y ya no estás. Y hay tantas sensaciones fuera de lo mundano que a mí me hacen sentir mejor que ir al mall, comprar ropa y sentirme la raja. Mucha gente le teme a lo desconocido y no va más allá. No quiero preguntarme toda la vida qué había más allá. Ahora, solo me falta el aire y el salto base es mi gran sueño. Debe ser brutal”.

Andrés Oreña P.

¿Qué es salto base?

En todos los ránkings, aparece como el deporte más peligroso del mundo. Francis Argo lo sabe. Es más, comenta que “por eso quiero intentarlo. Hay varios que no salen vivos”. Pero el penquista sabe que para evitar la mismísima muerte debe prepararse bien. “Me han pedido una cantidad tremenda de papeles porque no puede saltar cualquiera. Es demasiado peligroso. Además, cambió la reglamentación desde Estados Unidos y llevo casi un mes tramitando entre licencias y otros requerimientos”.

De partida, se pide un número mínimo de saltos en paracaídas. Argo tiene 700, siempre lanzándose en vuelo. “Te piden un mínimo de 300”. Y para vivir esta experiencia extrema viajará este mes a Noruega, Kjerag, donde primero debe aprobar un curso. “Tienes que pasar por el simulador y acostumbrarte a otro tipo de paracaídas, una vela distinta y manejar otra velocidad de reacción porque todo es más rápido y cada detalle puede significar que puedas contarla o no”, cuenta entusiasmado. Y como no, si agrega que “el lugar es hermoso. Uno de los mejores para ver la aurora boreal”.

¿Y por qué es tan peligroso? Francis explica que “el tiempo de reacción es un cuarto de lo que tienes cuando saltas en vuelo con paracaídas. No caes en un espacio abierto y despejado, así que debes tener mucho control para alejarte de la pared. Si te pegas un conchazo en la muralla, adiós”.

A la hora de hablar de grandes exponentes chilenos del salto base se pueden mencionar dos: Ramón “Chapa” Rojas, quien murió en el Mundial de esta disciplina, en Suiza 2014; y Sebastián “Ardilla” Álvarez. “Uno hace esto buscando sensaciones nuevas y va subiendo de nivel. En esa escala, el salto base es llegar prácticamente ahí arriba, expresó Argo”.

Dignos de estudio

El kinesiólogo Claudio Carvajal, de la USS, tiene un magister en Alto Rendimiento Deportivo y analiza que “los deportes de combate presentan un riesgo de lesión mucho más importante, dada la magnitud de los impactos y traumatismos recibidos, en particular aquellos que se sufren en la región craneal. La amplia gama de lesiones abarca desde contusiones y fracturas hasta síndromes neurodegenerativos y encefalopatía traumática crónica, siendo muchas de estas condiciones clínicas de carácter irreversible y pudiendo generar desde una discapacidad variable hasta, incluso, la muerte”.

El especialista tiene una opinión tajante sobre si estos deportes deberían seguir existiendo. “La respuesta obvia sería que la única opción segura es prohibir aquellos deportes que ponen en alto riesgo la integridad y la vida de quienes los practican. Sin embargo, y siendo pragmáticos, sabemos que esto es muy difícil de llevar adelante. Creo que nuestro principal rol está en intentar influenciar y defender de la mejor manera posible aquellos argumentos que desaconsejan la práctica de los deportes de combate de alto riesgo mientras, en paralelo, se intenta consensuar y ampliar el espectro de acción de aquellas intervenciones paliativas y de resguardo que nombramos anteriormente, aumentando su rigurosidad y reevaluando en conjunto con federaciones y asociaciones la efectividad de ellas para reducir las consecuencias y riesgos asociados al combate”.

En ese punto, no concuerda plenamente  Rodolfo Durán, Jefe Académico de Traumatología Ortopedia en la Facultad de Medicina de la Ucsc, quien sostiene que “la prohibición no evita la práctica, creo que más bien la intensifica, y no es la solución. Todo parte con la educación adecuada del deportista, la concientización de las consecuencias en salud de la práctica inadecuada y saber identificar lesiones y buscar la atención médica a tiempo”.

El experto se refirió al boxeo, en particular, y afirmó que “es un deporte de alto impacto, donde el practicante tiene mayor riesgo de lesión al desarrollar esta actividad en modalidad amateur, sin consejería de entrenadores y un equipo especializado. En este deporte. desarrollar la disciplina con entrenadores profesionales, uso de equipo de protección de áreas vulnerables y una práctica responsable sería la clave para evitar lesiones mayores, lo que va desde el momento del calentamiento. Durante el combate, el uso de protector de cara, dientes, uso de guantes adecuados con prevendaje de manos y calzado adecuado forma parte de las recomendaciones universales”.

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