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Diego Umaña: un talento que cambiará los goles por el rigor del puerto

Cerró en lo más alto su etapa escolar. Fue destacado por Adicpa como el mejor de su disciplina en la temporada. Desde el próximo año su vida cambiará, ya que ingresará a la Escuela Naval en Valparaíso.

Por: Carlos Campos | 31 de Diciembre 2018
Fotografía: Isidoro Valenzuela M.

Es uno más de todo un clan familiar muy deportivo. Diego Umaña puso fin a su etapa como estudiante en el Colegio Pinares, dio la PSU y rápidamente recibió una gran noticia: quedó en la Escuela Naval, lugar al que había postulado para iniciar un largo y apasionante camino estudiando, aprendiendo y formándose.

Pero antes de eso, Diego Umaña, hijo del reconocido entrenador de hándbol, Raúl Umaña, recibió una importante distinción por parte de Adicpa, que lo premió como el más destacado de su disciplina en este 2018. “Fue mi último año en el colegio y me pone contento recibir una distinción así, sobre todo en un año donde ganamos un Nacional con el equipo. No me había tocado nunca un premio así, porque la prioridad la tienen casi siempre los chicos que van en Cuarto Medio. Ahora me tocó y por supuesto me pone muy feliz. Es muy significativo esto”, comentó Umaña, un gran talento del balonmano local.

Y su padre lo observa con el pecho inflado, orgulloso y feliz de ver como uno más de sus pequeños egresa de la educación media. Diego es uno de los tres hijos, el del medio, junto con Camila y Francisca, sus hermanas mayor y menor, respectivamente. La primera de ellas, actualmente en la universidad, también estuvo en una selección compitiendo igual en sudamericano jugando hándbol, viajando también a Dinamarca y Suecia, entre otros países. La menor, Francisca, tendrá que presentarse próximamente a la concentración en categoría Cadete, estando desde el año pasado en la serie Infantil, donde ha jugado incluso torneos sudamericanos.

Pero sobre Diego, su padre Raúl comenta que “me pone muy contento que comparta lo mismo que uno hace. Estar vinculado al deporte es mucho más importante que recibir un premio. No sé si pueda seguir ahora entrenando, eso sí, por la Escuela Naval. Su carrera deportiva dependerá de su futuro y, en ese sentido, apostamos a que todos los deportistas en donde podamos influir en algo, puedan llegar siempre a tener lindas experiencias”.

Desde pequeño

Diego Umaña era un niño cuando ya entrenaba hándbol y daba sus primeros pasos en una disciplina que a nivel familiar lo es todo. Sus dos padres manejan a la perfección ese deporte, por lo que a nadie le debe extrañar que todo su núcleo tenga vínculo con el balonmano.

“Pese a que empecé a entrenar en 2013, desde chico siempre estaba metido en los gimnasios jugando. Es muy entretenido compartir con la familia el mismo deporte. Antes siempre íbamos todos al gimnasio. Ahora no me gusta tanto, eso sí, pero antes lo pasaba muy bien ahí”, recuerda Diego Umaña. El talento local jugó hándbol hasta Quinto Básico en el Colegio de los Sagrados Corazones de Concepción, antes de estar en el Colegio Pinares, establecimiento desde donde salió hace sólo un par de semanas.

Y aunque ahora llena gran parte de su tiempo, en un momento su pasión por el hándbol tuvo una pausa. Diego tuvo un año completo dedicándose al remo en 2016, entrenando en el Club Llacolén.

“Me gustaba el remo, pero en el hándbol tenía muchos más amigos y me divertía”.

Así, un año después de haber obtenido con su colegio un Nacional Escolar, Diego jugaba otro deporte, en el cual no duró tanto, ya que en 2017 retornó al tradicional deporte familiar, donde al margen de estar compitiendo a nivel escolar, también defendió la camiseta de Deportes Concepción. “Soy hincha y desde muy chico que voy al estadio”, recalca Umaña.

Puro esfuerzo

Diego Umaña cerró en lo más alto su proceso escolar. “Cuando hacía remo, salía a las 7:30 horas de la casa y llegaba como las 21 horas. Ahí estudiaba hasta las 22:30 o 23 horas, pero tampoco se mataba, porque igual el cansancio es importante y es fundamental recuperarse bien. El año pasado, cuando viajaba a la selección de balonmano, lo hacía los jueves, viernes y sábado. Esa rutina desgastaba. Pero, aun así, salió con buen promedio del colegio, por lo que fue organizando y combinando ambas cosas. Eso es, más o menos, lo que uno apuesta”, aseguró Raúl Umaña, su padre.

El entrenador, además, reveló una anécdota que le ocurrió cuando en uno de los tantos partidos que le ha tocado dirigir, lo hizo encontrarse con su hijo como parte del equipo. “No sé si considerarla una vivencia emotiva o bonita, pero en un partido de cuartos de final y estando arriba por tres o cuatro goles, más o menos, a Diego lo expulsaron por una falta y estalló llorando cuando salía de la cancha. Era uno de los pilares del equipo y estaba frustrado. En mi rol de técnico no podía ponerme a llorar como cabro chico, pero solo quería abrazarlo. Fue muy complejo vivir la emoción como padre y entrenador en ese momento. Al final le di un abrazo y le dije ‘sal del gimnasio’, pedí tiempo, les di una arenga a los que quedaban jugando, porque al principio con la expulsión dijimos ‘aquí se nos viene el mundo abajo’, pero pudimos ganar el partido. No es fácil la dualidad técnico-papá”, dijo Raúl.

El protagonista de ese momento, Diego, recordó que “fue doloroso, porque éramos tres jugadores los que llevábamos arriba al equipo. Fue frustrante la expulsión, porque era incómodo estar afuera y no poder hacer nada para que mejorara el equipo y lográramos salir adelante. Al final, por lo menos, ganamos el partido”.

En un par de semanas, la vida de Diego cambiará. Estuvo desde inicio de año pendiente de revisar su correo para ver cuándo tendría que rendir las pruebas académicas, físicas y siguiendo atentamente todo el proceso para postular a la Escuela Naval. Quedó y el hándbol quedará en un segundo plano.

“Estaré todos los días de semana en Valparaíso y no podré viajar todos los fines de semana a Concepción. Me complica mucho seguir ligado al deporte y creo que tendré que dejar de lado el hándbol, tratando de jugar solo cuando pueda”, cerró Umaña.

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